ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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lunes, 18 de marzo de 2013

De sonrisas homicidas.

De sonrisas que matan y resucitan.
De las que te dejan sin aliento.
De las que, por un instante, congelan el tiempo.
De las que brillan en tus ojos.
De esas sonrisas que alegran vidas enteras.
De esas que duele no ver.
De esas que cuesta hacer salir.
De esas.
De tu sonrisa. De la mía, que la persigue, que la precipita.
De esas sonrisas que son precipicios, y yo que quiero saltar.
De esas que borran la realidad.
De sonrisas homicidas que no saben que lo son.


sábado, 2 de marzo de 2013

Ojalá me quieras libre.

- ¿En qué piensas? - después de tantos años él ya no es tan bueno en descifrar sus pensamientos.

- En que es cierto eso de que si piensas mucho en alguien a quien has querido, ese alguien reaparece en tu vida por casualidad.

- Sólo si ese alguien te sigue queriendo.

Silencio.

- Es raro. Todo. Volver a estar aquí.

- Has cambiado.

Ella le mira inquisitiva y dice:

- Y tú. Demasiado. Tu voz. Tu manera de andar. Ahora estás seguro. Incluso tus vicios, ¿cuántos te has fumado ya? - mientras señala su pitillera casi vacía.

- Estoy nervioso. - ella le agarra las manos para que le dejen de temblar. Él las acepta casi con ansia, la necesita, la ha necesitado siempre más de lo que nunca ha querido admitir ni ha sabido demostrar, y por eso la perdió. - ¿Sabes lo que ha cambiado en ti? Ha cambiado tu manera de estar en el mundo, pero la chica de la que me enamoré sigue intacta dentro de ti. Y eso me gusta. Me gusta más de lo que debería. Y tu sonrisa, también ha cambiado tu sonrisa. Es más triste, no es la que tanto he echado de menos, no es la que alumbraba mis días grises. Y creo que parte de la culpa de que haya desaparecido es mía.

- Tuya y de los recuerdos, sí. - y a continuación, las palabras se escapan atropelladamente de su boca, desde su corazón directas al suyo, sin pasar por su mente, y aunque después se arrepentirá, lo necesita, le necesita. - Si te quedas, esa sonrisa volverá.

- No puedo... - y ahí es cuando ella se arrepiente, de volver a ser ella la que pierde, la que sufre, la que se pregunta cada día qué es aquello que hizo tan mal para que él nunca haya podido volver a su lado, y eso también se le escapa de su boca. - No tiene nada que ver contigo, tiene que ver conmigo y con que sé que no soy suficiente para ti. Tú quieres libertad, tú necesitas volar, eres viento. Yo soy una jaula para ti.

Ella le abraza, mientras las lágrimas empiezan a pedir permiso para salir. Permiso concedido. Tantas veces ha llorado en ese hombro que ya lo siente refugio y hogar. Sabe que él se va a marchar, lo sabía antes de que volviera a aparecer.

Y, cuando se separan, su corazón retumba en todo su cuerpo, intenta salir de ella, intenta meterse en él de nuevo, pero esta vez ella no lo va a permitir, no antes de que se vaya.

Él recoge sus cosas y, antes de salir, la vuelve a mirar, una última vez, la última vez. Incluso así, completamente desolada, sigue siendo la chica más preciosa. Por un instante piensa en ser egoísta, en quedarse con ella, en quedarse a su lado para siempre. Pero no. Se acerca a ella, le seca las lágrimas, le da un último beso, para sellar la despedida, y se marcha.

- ¡Eh, tú! - ella le grita en cuanto le ve salir por la puerta, él deshace sus pasos. Ella saca fuerzas de flaqueza, de esas que siempre cree que han desaparecido pero que siempre están ahí, le mira a los ojos, consigue controlar sus lágrimas y, mientras en la habitación retumba el sonido de su corazón resquebrajándose poco a poco, le sonríe como hacía años que no sonreía, le sonríe como él recordaba, le sonríe con cada uno de los recuerdos felices que tiene a su lado, le sonríe una última vez. - Quédatela, esa sonrisa siempre ha sido tuya.