ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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martes, 31 de julio de 2012

R.

- Dicen que el amor es cosa de personas, que puedes sentirlo por tu familia, tus mejores amigos, y, si eres afortunado, por esa persona que llega a ser tu yo (o tuyo). Pero lo que no sabéis es que se puede ir más allá, no sé cuanto la verdad, no sé dónde están los límites, lo único que sé es que te puedes enamorar de algo que es mil veces más grande que tú, que te envuelve por completo, y que recorres con tus pasos, te puedes enamorar de algo que siempre tendrá algún nuevo precioso secreto que mostrarte, te puedes enamorar de algo que llenan de vida millones de personas, personas que nunca vas a conocer, que quizá sólo veas una vez en la vida, que tendrás frente a ti un minuto, y a la hora siguiente habrás olvidado, lo que no vas a olvidar será cada una de las facciones de las calles de esa ciudad en la que ya estás atrapado. Porque no hay escapatoria, cuando te quedas prendado de la inmensidad de una ciudad, lo único que quieras es dejarte atrapar por ella para siempre. ¿No crees?

- Entonces creo -no lo creía, estaba completamente seguro- que eres mi ciudad.


jueves, 19 de julio de 2012

De ir en contra de los vientos.

Tenía el corazón marchito,
de tan picoteado.

Pero.

Seguía sonriendo.

viernes, 13 de julio de 2012

Donde la luz siempre estaba en ámbar.

Ese día descubrí el por qué del color rojo en los semáforos. Ahora estoy en mi viejo descapotable, en la misma calle, en el mismo cruce, frente al mismo semáforo, observando como cambia de color, verde, ámbar, rojo, ámbar, verde, ámbar, rojo, ámbar... No sé cuanto tiempo llevo aquí, oigo el eco de los pitidos de otros conductores enfurecidos, no saben lo que hago, no lo entenderían. Y llega el rojo otra vez, y ahora sé que ese rojo es un adelanto de lo que pasará, ese rojo es el rojo de la sangre que ella derramó sobre el asiento del copiloto, sobre la carretera, sobre la acera, sobre otro coche y, sobre todo, sobre mí. Creo que todavía me quedan restos, aunque no los veáis, esos restos están anclados dentro de mí, son los restos que ella dejó dentro de mí antes de morir, su último 'te quiero' quebrado, su última caricia. Desde ese día, cada viernes, a la misma hora (20.13), arriesgo mi vida en el mismo semáforo y sigo saliendo ileso. Fui yo quien pasó en rojo, fue su sangre la que se derramó.

Quizá sea mayor castigo esta culpabilidad que me consume poco a poco. Rojo. Toca arrancar. 

lunes, 9 de julio de 2012

Amor de invierno.

Seguramente hayáis oído hablar de los amores de verano, esos que tienen el sonido de las olas del mar como banda sonora, y todo el océano a sus pies, esos que son tan cálidos por dentro como el sol que alumbra cada uno de los días de vuestra historia, esos amores tan breves que recuerdas de por vida, esos que tienen color azul celeste como el cielo despejado, o el reflejo de ese cielo en vuestro lago privado.

Pero lo que no sabéis es que existen amores de invierno, y lo que no imagináis es que estos son los mejores. Los colores del invierno son negros y grises, como los edificios y las calles de la ciudad a la que estás atado. El invierno es frío, es lluvia, viento y nieve, es granizado, es hielo, es caras largas, charcos y aguacero. El invierno es melancolía, nostalgia y tristeza. Pero. ¿Sabéis por qué los amores de invierno son mejores? Porque transforman todo lo anterior en verde, en azul cielo. Porque transforman todo lo anterior en calor, en rayos de sol, en color, porque derriten el hielo, el granizado, la nieve, la lluvia e incluso el viento.

Los amores de invierno son mejores porque no tienes que recordarlos, tienes que vivirlos eternamente.

Los amores de invierno son mejores porque, mientras fuera el mundo se transforma en truenos y relámpagos, por dentro ardes con un calor tan intenso que tus ojos se vuelven arcoiris.

sábado, 7 de julio de 2012

(Uni)versos (in)finitos.

Cada vez que la tinta de aquel tatuaje le ardía por debajo de la piel, era que algo le estaba pasando a él. Significaba que él la necesitaba cerca tan profundamente que cada poro de su piel le gritaba mediante ese signo de infinito. Cada vez que aquel tatuaje le ardía, Marina se cagaba de miedo. En todos aquellos años en los que ya no estaban juntos, aquel tatuaje había ardido por miedo, por otro amor, por pasión, por culpabilidad, por echar de menos, por soledad, por terror. Y todo en ese orden. Marina se retorcía por dentro cada vez que le ardía, era como si alguien (él) metiese las manos por esos dos círculos, le removiera las entrañas y le sacara el corazón hecho pedazos, pero lo aguantaba, al final él siempre llamaba y, tras hablar con él, el dolor se desvanecía y ambos volvían a olvidarse. Pero esa vez llevaba ardiendo demasiado tiempo, Marina creía que iba a morir de dolor, ardía con la intensidad de todo lo anterior multiplicada por infinito, y eso no podía ser buena señal. Pero Marina aguantó el dolor, a base de pastillas y alcohol, y, al final, el teléfono sonó.

Él estaba muerto.

El tatuaje nunca volvió a arder,
el infinito se convirtió en finito.

viernes, 6 de julio de 2012

Me llaman Octubre.

Me puedes llamar Octubre, tengo veinte otoños. Soy diferente por el simple hecho de ser yo y no tú, ni tú, ni tú tampoco, ah, sí, por eso también soy única, pero eso no quiere decir que sea especial, al menos eso no me compete a mí decirlo, a no ser que quiera demostrar mi egocentrismo, y eso no queda bien en nuestra primera cita. Al igual que no queda bien el humo de tu tabaco acampando en mis pulmones, así que apágalo, gracias. Vale, soy borde y exigente y, a ratos, odiosa. Eh, vale, vete si quieres, pero te perderás mis cosas buenas, aunque esas, si quieres, las va a tener que descubrir tú... Y a ti te llamaré Noviembre, para no tener que imaginarme hablando con un ente imaginario. Me pillas en frío, en invierno, y no sé como impresionarte, ah, bueno, puede que haya algo, sí, esto puede funcionar: leo mentes y tengo un maldito don para saber que va a pasar. ¿Quieres saber de qué va eso? Sígueme. Vamos, sigue andando, mientras te seguiré contando algo más de mí. Soy escorpio, mi planeta es Plutón, que tú dices que no, pero que yo te digo que sí, que es un planeta, que he viajado con la luz de las estrellas y he llegado hasta ese minúsculo cuerpo celeste. Mi número, el 7, el número mágico por excelencia. Mi estrella, la segunda a la derecha. No pongas esa cara, ¿qué pasa? ¿tú no tienes estrella? Corre, te estás quedando atrás, Noviembre. Mi nube, la que tiene forma de sonrisa. ¿La ves? Siempre está ahí, cada día. ¿Quieres saber más? Tú sigue sonriendo y yo te seguiré contando.

jueves, 5 de julio de 2012

No te quiero tanto, te quiero mejor.

Otro día más moría en Madrid, el invierno se calaba en cada uno de los huesos de la capital, y en cada uno de sus rincones revoloteaban las cenizas de los dos años que pasaron allí, refugiándose, paseando su historia. Hoy se han vuelto a ver, el destino ha vuelto a traer la casualidad sin avisar, y ahí estaban los dos, un año después, mirándose a los ojos, mirando dentro de ellos y a través de sí, como solían hacer, intentando disimular, intentando disimular los meses grises, las noches pensándose, los días sobreviviendo, intentando disimular la sonrisa por verse. Él rompió primero el silencio:

- ¿Sigues con tus historias?

- ¿Qué historias?

-  Ya sabes, esas tonterías que me decías sobre la felicidad.

- ¿Tonterías? - ella sonrió. - Sí, supongo que lo eran, y no, no sigo con ellas. Alguien me ayudó a comprender que la felicidad es transitoria y que sólo dura un rato. Intenté apropiarme de ella demasiado tiempo, y eso sí que fue una tontería, al final la perdí y la tristeza fue doble, como tus tequilas.

- Tú y tus metáforas, hay cosas que no cambian.

- La gente no cambia, evoluciona.

Sus palabras destilaban rencor y cariño a partes más o menos iguales, cómo lo hacían es algo que sólo pueden saber dos personas que se han sangrado por odio y por amor a la vez.

- ¿Y tú? ¿Sigues con la música?

-  Eso es algo que nunca se deja, pequeña.

- Cierto, se me olvidaba que el rock n' roll era tu droga favorita.

- Relativamente cierto. - en realidad, su droga favorita era ella, y ahora que la tenía tan cerca, la ansiedad y el mono volvían a apodarse de él. Y, en realidad, ella lo sabía, y sonreía por dentro.

- Suerte. - esa fue su despedida.

Ella iba a desaparecer, era así de impredecible, llevaba un año ansiando encontrarle de nuevo y ahora era ella la que se escapaba. Él sabía que no podía retenerla así que, como tantas otras veces, la dejó ir, era fiera y libre, al igual que él, por eso se habían acabado destruyendo.

Ella se alejaba, él la observaba mientras se encendía un cigarro. Y, como si se le hubiese ocurrido de repente, ella se giró y gritó:

- Ya no me quieres tanto, ¿verdad? - sonrió.

Él también sonrió automáticamente, mientras respondía:

- No te quiero tanto, te quiero mejor.

martes, 3 de julio de 2012

Escribo.

Escribir me sana, me llena, me sacia,
nunca sabréis de que manera,
escribir me arrastra hasta las entrañas del mundo,
hasta el mismisimo tuetano de la primavera.

Escribir me ayuda a olvidarme de lo inútil,
a entender el punto de vista de cualquiera,
a volar por dentro, y por fuera estar inmóvil,
a clavar desnudo en cada noche mi bandera.

Escribir me aisla, me secciona, me secuestra
escribir me hunde y me reflota con más fuerza,
escribir me abraza cuando todo me abandona,
y después me ayuda, a enfrentarme a mis rarezas.

Y es por eso que ahora escribo cada día,
sin temer las conclusiones de aquellos que me lean,
por la simple y básica necesidad de alegría,
que genera en mí, escarvar entre mis penas.

Belo.