ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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martes, 24 de abril de 2012

De los susurros de abril.

Aquel día amaneció como un día cualquiera, no parecía que iba a tener nada de especial, veinticuatro horas más de la misma rutina en la que él estaba atrapado, lo primero que hacía: pensar en ella, lo segundo: todo lo demás. Sin embargo, aquel día no iba a seguir el mismo rumbo que los quinientos días anteriores.

Y es que aquel día ella no había dejado de pensarle, cosa que intentaba no hacer muy a menudo aunque llegaba un punto en que era inevitable, al igual que para ella era inevitable quererle y odiarle a partes iguales (o no tan iguales) y llegaron las lágrimas, la borrachera, la rabia y el desahogo.

Su móvil se iluminó y el mensaje de ella le paró el mundo:
"Sólo espero que llegue el día en el que tengas el valor suficiente para venir aquí, mirarme a los ojos y decirme sinceramente que he significado yo para ti. Esa ignorancia hacia ese hecho es lo único que impide que la herida que me hiciste nunca cierre del todo."

No había más que decir, sólo había más que demostrar. Él no lo pensó dos veces, ya que la decisión iba a ser la misma y darle más vueltas sólo sería perder el tiempo. Fue directo a la estación,  iba cagado de miedo, pero sonreía con sólo pensar que en unas horas estaría a su lado, iba a ser duro recuperar su confianza pero iba a dispuesto a todo por recuperar a la mujer de su vida.


sábado, 14 de abril de 2012

No queremos ser como los demás.

Que nos intente frenar el mundo mientras saltamos al vacío, con los ojos cerrados, con las manos unidas, con el vaivén de nuestra libertad. Con la ropa desgarrada de tantas veces arrancarnosla. Con las alas empezando a crecer, mientras corremos hacia el precipicio de la normalidad, saltando de sus brazos de nuevo al vacío, porque no queremos ser como los demás. Mientras nuestras alas se despliegan, cogiendo altura, soltando lastre. Mientras llegamos al orgasmo, empañando los cristales, gimiendo sin control. Mientras nos comemos el mundo sin salir de tu coche.

lunes, 9 de abril de 2012

Los sitios que más temes.

- ¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? - por fin ella rompe ese silencio incómodo que les estaba devorando a los dos. Pero no con demasiado acierto. Durante esos minutos sin nada que decir él ha tomado una decisión, quizá una de las más duras que ha tomado hasta el momento. Y cuando él responde, la sonrisa torcida mezcla de ilusión y nostalgia de ella desaparece.
- Me arrepiento.
- ¿De qué? - pregunta inocentemente ella, intuyendo la respuesta.
- De haberte conocido.

Ella no necesita más palabras, ella no quiere nada más de él, ni siquiera sabe que hace ahí sentada a su lado esperando sin saber muy bien a qué. Se siente estúpida, más que eso, se siente dolida. Pero ahora, el odio, la decepción y la tristeza hablan por ella. Intenta contestar, decirle algo cruel, dejarle hecho polvo como está ella ahora, pero no puede, el nudo en su garganta no la deja mentir. Le mira, con las lágrimas esperando el disparatazo de salida, él parece inmune a todo su dolor, y ella no aguanta más, se levanta y sale corriendo de ese lugar, y de la vida de él para siempre, sin dejar que él la vea llorar, sin saber jamás que lloraba por una mentira.


Él la quiere, más que eso, la ama, la adora, la necesita. No es su mitad, es su vida entera, o incluso más. Y mientras la ve alejarse, rogando porque no se gire y le vea llorando como un crío débil, susurra:
- Sólo intento protegerte.

¿Protegerla? En el fondo sólo ha sido un idiota cagado de miedo, de miedo a perderla, a perderse. En el fondo es sólo un egoísta porque mientras que ella tendrá una larga e infeliz existencia, él sólo tendrá que aguantar esa infelicidad unas horas, hasta que esa bala que lleva su nombre aterrice en su sien. Podrían haber tenido una corta vida juntos, y hubiesen sido las horas más felices de sus vidas. Ahora ella tendrá que cargar con una tristeza que no podrá soportar.