ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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lunes, 20 de febrero de 2012

Lake of fire.

Amanece con prisas, como cada lunes, sin tiempo para pararme a pensar en qué día es, con una ilusión puesta en este día que al final se convierte en frustración, pero mientras tanto yo voy en el metro ajena a toda enganchada al móvil (por desgracia), y es entonces cuando un tweet me hace revovinar, recapacitar, es tu cumpleaños, bueno, si estuvieras aquí hoy sería tu cumpleaños, casi inconscientemente me olvidó del móvil y agarro mi mp4, abro esa carpeta titulada 'Nirvana' (titulada así por motivo doble) y te dedico mi personal minuto de silencio, sólo roto por tu voz, que se convierte en una hora hasta que llego a mi parada y tengo que volver al mundo real. No vuelvo a pensar en ti en todo el día, durante las siguientes horas sonrío, río a carcajadas, me enfadó, me frustó, me cambian los planes, me hartan, me joden el día, y vuelvo a casa, y en el trayecto vuelvo a pensar en ti y sólo hay una cosa que me apetece hacer para no seguir amargándome este lunes, llegar a mi habitación, elegir el disco de tu grupo que más me llena y subir el volumen al máximo. Aunque mi disco favorito no es el que suenan las guitarras más duras ni el estilo más grunge ni tu voz más desgarrada, mi disco favorito es el tranquilo Unplugged in New York, ese en el que tu voz predomina y domina todo lo demás. Y es ahí cuando cojo el teclado y, poco, muy poco inspirada, comienzo a dedicarte esta entrada, y es que hoy no me sale escribir cosas bonitas quizá esto tenga algo que ver quizá sólo sea un día menos bueno que el resto, quizá sólo sea tu voz bloqueando mi inspiración, con todo sólo tengo que decir: Felices eternos 27, Kurt, porque así te recordaré siempre, con tu pinta andrajosa, tus hipnóticos ojos azules, tu lacio, despeinado y medio largo-medio corto pelo rubio, con tu cara de infeliz y un amargo corazón de 27 años. Gracias por ayudarme a moldear mi vida, por ayudarme a dirigirla y dirigirme no sé si en el camino correcto pero si en el que quiero, tú formas parte de todo eso, al igual que en millones de personas más, gracias por ser una de las razones por las que me gustaría ser 20 años más vieja. Gracias por darme felicidad cuando me faltó. Marcaste mi vida de algún modo y gracias por eso también, sigues y seguirás ardiendo con fuerza.

domingo, 19 de febrero de 2012

Siento, luego existo.

Ella grita desde la azotea mientras el resto de la ciudad duerme, pero a ella le da igual, necesita desahogarse, necesita respirar, necesita asfixiarse, necesita atrapar todo el aire posible en sus pulmones y retenerlo ahí hasta el último momento, hasta el instante en el que siente que está a punto de desmayarse, que el riego no le llega al cerebro, hasta el instante en que está a punto de morir, entonces suelta todo el aire en un intenso grito que hace que los pájaros huyan despavoridos de los cables de luz, y una vez y otra y otra, hasta que siente que ya no le queda voz, ni aire, ni pulmones, hasta que se siente un poco mejor. Pero ese alivio dura un instante, el instante que tarda en volver a su casa, ahí es cuando vuelve la soledad, esa amiga silenciosa que le hace romper con todo a su alrededor, ya ni gritar le sirve, ella solo quiere huir de su Parca personal, esa que le sigue allá donde va, que nunca le abandona, que parece que su único objetivo es acabar con ella y con su salud mental. Está volviéndose loca y en el fondo, muy en el fondo, sabe que la raíz de todo lo que le está pasando está plantanda en su interior, pero es algo que ya no puedo controlar, la ha superado y ha salido al exterior, y ahora tiene vida propia, y vive por y para atormentarla, y ella no quiere reconocer que vive martirizada por su propio pensamiento, ni reconoce ni quiere ayuda de nadie, pero, al fin y al cabo, ya no queda nadie que le tienda su mano. Así que ya sólo le queda una salida, correr. Corre y corre y siente que nadie la puede parar, las calles de su ciudad ya no tienen secretos para ella así que las pisa con firmeza e incluso desprecio. Corre y corre y cuando la ciudad amanezca ella se habrá ido para no volver.

domingo, 12 de febrero de 2012

Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres.

El invierno en esa ciudad era una tortura, sobre todo para él que ya no tenía quien le diera calor durante sus largas noches. Estaba solo allí, con el corazón destrozado había hecho sus maletas decidiendo cambiar de ciudad y de vida. Él no sabía, o más bien no quería reconocer, por qué se había mudado a ese lugar tan lleno de gente, con tanto gris y con tanta rutina de lunes, pero un magnetismo irrefrenable tiró de él hasta allí. En realidad sabía perfectamente por qué estaba ahí: porque ella estaba ahí. Ella. Ella no es quien estáis pensando. No es quien le rompió el corazón, aunque de algún modo sí fue así. Ella fue la razón por la que él rompió el corazón a otra mujer, que no se lo merecía pero que mucho menos se merecía seguir con un hombre que pensaba en otra cada vez que le hacía el amor, aunque jamás hubiese besado a esa otra, ni siquiera tocado, y apenas visto, pero era ELLA, él lo supo desde el primer momento, bueno, en verdad, desde el primer momento lo supo ella, él tardó un poco más, bastante más, y cuando se quiso dar cuenta ya era tarde y estaba inmerso en una historia que no sabía como iba a acabar. Pero había logrado escapar de todo eso, y ahora estaba allí, observando aquella extraña ciudad desde el alféizar de su ventana. Y ella estaba ahí fuera, en algún lugar. No tenía ninguna intención de buscarla desesperado por toda la ciudad, tenía la firme certeza de que era ELLA y por lo tanto, ella tenía que llegar a él aparentemente por casualidad, realmente por destino, él la esperaría y si no llegaba nunca no significaría que no era ELLA sino que ella no había llegado a comprender o a querer admitir que él era ÉL.

Lo que estaba haciendo era una locura, llevaba casi dos años sin hablar con ella, sin escuchar su voz, sin oír su contagiosa risa, y ya hacía como cinco años que no se bañaba en sus ojos, ni contemplaba su sonrisa llena de vida. Pero ahí estaba él, echando el resto, dispuesto a dejar de vivir porque ya la había encontrado, y si no era ella no sería ninguna. Ni siquiera sabía si estaba en la ciudad correcta, ella había crecido y a lo mejor había echado el vuelo hacia otro lugar como tantas veces soñó, como tantas veces soñaron juntos. ¿Dónde había quedado aquella isla desierta en la que sólo existían ellos dos? Pero algo en su interior le decía que ella no abandonaría tan fácilmente la ciudad que tanto amaba, o al menos no del todo. Tenía esperanzas de sobra puestas en su plan, para él nada podía fallar.

Y así pasaron los días, las semanas, los meses y casi los años. Y resultó ser que aquel hombre no estaba tan desencaminado. Todo ocurrió un mes de octubre, su mes favorito. ¿Y dónde iba a estar ella en su mes favorito si no era en su ciudad favorita? Él no recordó que día era hasta que la vio, paralizado como estaba no podía dejar de mirarla, y ahí estaba él en medio de la cafetería con su mirada fija en ella o, más bien, en el libro en el que ella estaba sumergida, mientras un café humeante descansaba a su lado. Largo de leche y doble de azúcar. Pensó él, que todavía recordaba esas pequeñas cosas de ella. Cuando por fin, recuperó el control de su cuerpo no supo que hacer y, como un idiota, salió pitando de allí. Pero su estupidez no duró mucho tiempo, dos pasos más y dos dedos se plantaron en su frente, su conciencia había vuelto con él y le dijo: Vuelve ahí dentro y amala más de lo que ha amado nadie en su vida. Y él, no necesitó escucharlo dos veces, volvió a aquella cafetería y ahí seguía ella, exactamente como la había dejado aunque con unas cuantas páginas más leídas y un café que humeaba bastante menos aunque seguía igual de lleno. Se acercó a su mesa, se aclaró la garganta y ella siguió sin inmutarse. Él le giró la cara, y ella, asustada le tiró el café encima sin querer, o queriendo inconscientemente, pero cuando sus miradas se cruzaron ella se quedó perpleja, petrificada, sin poder creer que fuese él, que de verdad le tuviese delante, después de tantos años y de tan pocos adioses. Él no se esperaba lo que sucedió a continuación, cuando ella le pegó una bofetada con todo el odio del mundo y con su mala leche característica, y salió corriendo de allí, él tenía muy claro que no la iba a volver dejar escapar, así que salió corriendo tras ella. No tuvo que correr mucho, en el mismo lugar en el que su conciencia había vuelto a él, su amor por él había vuelto a ella. Se paró en seco, confundida, tenía que aclarar las cosas con él, tenía que saber en que punto estaba su vida y él tenía que saber en que punto estaba la vida de ella. Aunque eso era más secundario, él la seguiría al fin del mundo sólo para que fuera feliz. Él esperaba, aparantemente paciente, a que ella decidiera algo, a que diera el primer paso, o a que dijera la primera palabra, y así sucedió:

- ¿Qué haces aquí? - Su voz fría como hielo le heló la sangre a él, que por primera vez dudó.

Dudó de lo que ella sentía por él. Se dió cuenta de que durante todo ese tiempo había sido un egoísta, tenía muy claro que él la quería y siempre dio por hecho que ella a él también, pero ¿en serio iba a seguir queriéndole después todo el daño que le había hecho durante esos años? No se lo merecía, ¿cómo podía haber sido tan ingenuo? Más confundido que nunca y deseando que esa incertidumbre acabará cuanto antes decidió ir al grano:

- Eres tú.

- Bravo, veo que tu inteligencia no conoce límites. ¿Qué pasa que tú no eres tú? ¿O es que ya no eres aquel cabrón, idiota e insensible que un día me dijo que me amaba y al siguiente había huido con otra? - eso no era del todo cierto pero ella seguía dolida y sus palabras destilaban su dolor.

- No, no me has entendido. Quiero decir que, ¡eres ! ¡En mayúscula, negrita, subrayada y cursiva! ¡Entre signos de exclamación, si quieres! ¡ERES TÚ, JODER! ¡Con palabrotas de por medio para que le den más veracidad, para que te enteres de una vez por todas de que estoy en esta ciudad por ti, que vine a buscarte, a encontrarte, a decirte que eres , y que no hay ninguna otra, que nunca debería haberla habido, que dejarte ir sin hacer nada fue el error más grande de mi vida, que no hay día en el que no me arrepienta de haber sido tan estúpido y de no haberme dado cuenta de lo que sentía por ti, de lo que me hiciste sentir desde la primera vez que hablamos, desde la primera vez que tu voz me erizó la piel y una parte de mi corazón a la que no quise escuchar me dijo: ¡ES ELLA! - Poco a poco se habían ido acercando, y mientras soltaba todo aquello que había guardado bajo llave en su interior durante tanto tiempo, le agarró de las muñecas, para asegurarse de que no se iba, porque tenía miedo, estaba cagado de miedo, y le apretaba con fuerza, tan fuerte que le estaba haciendo daño sin darse cuenta, pero ella tampoco se daba cuenta. Y él tenía que terminar su jugada, tenía que decirlo, lo que tantas veces le costó decir, aquello que sólo le había dicho a ella en todo su vida, aquello que sólo ella se merecía. - ¡QUE TE QUIER - Pero no pudo decirlo, los labios de ella habían taponado sus palabras.

Ella no necesitaba nada más, a fin de cuentas sabía que era ÉL desde hacía años, y ahora él también lo sabía. ¿Qué más podía pedir?

Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.

jueves, 9 de febrero de 2012

Feliz cumpleaños, Sullivan.

Dió la última calada al cigarrillo que desde hace un rato se consumía entre sus dedos, mientras él tenía la vista perdida en el ir y venir de las olas del mar. ¿Por qué coño tarda tanto? Pensó mientras se miraba el reloj, impaciente y un poco cabreado se dispuso a fumarse otro cigarro, pero al sacar la cajetilla de Marlboro en ella sólo quedaba el mechero. Más cabreado aún tiró la cajetilla al suelo con desprecio, la tercera cajetilla del día. Mientras esperaba, se quedó mirando el mechero, era uno de esos que vendían en el merchandising, con el logo y el nombre del grupo, repasó el nombre con sus dedos mientras recordaba. Hasta que la bocina de un coche le sacó de su ensimismamiento, se giró mientras su amigo le gritaba:

- ¡Ey, Brian! Sentimos la tardanza pero Zack no encontraba "algo" en su casa. ¡Vamos, monta!

Sin saber muy bien a que se refería Matt, Brian subió al coche, con su cara larga un poco menos larga ahora que estaba con ellos. No sabía a donde iban, quizá a alguna reunión para redondear la gira o a casa de alguno para pasar aquella noche juntos simplemente, Brian no se había preocupado por saberlo, aquel día no había querido saber nada de nadie pero a ellos no les podía fallar, ese día no, ni cualquier otro tampoco. Sin embargo, algo en su interior sangró cuando llegaron a su destino, estaban frente al primer local de ensayo que tuvo la banda. En una calle cualquiera para el resto de Huntington Beach, pero en el rincón favorito de Jimmy en todo el mundo. Ese local significaba mucho para cada uno de ellos, para los cinco, los eternos cinco, pero sobre todo pero el más eterno, aquel sitio había servido de refugio y de hogar para James mucho más que cualquier otro lugar, ahí era donde iba cuando el frío de las calles se volvía insoportable, y cuando el retumbar de sus malos pensamientos no paraban de acecharle. Tanto cariño le cogieron a ese lugar que en cuanto el grupo empezó a dar más beneficios de los esperados lo primero que hicieron fue comprar ese lugar, que por otro lado no era más que un cuchitril cutre que costaba cuatro perras.

Ninguno decía nada pero sobraban las palabras, después de tantos años y tantas cosas compartidas, tanto buenas como malas, ese silencio era como un 'para siempre' para ellos. Cuando entraron, después de un año y pico sin pasar por allí, lo primero que sintieron fue una bofetada de dolor y de buenos recuerdos. Su batería descansaba allí encogida y asustada al lado de la pared. A pesar de todo, el sitio seguía tan cálido como en sus mejores tiempos, al parecer aquel chico seguía viviendo por allí aunque fuese en espíritu, quizás hasta tocaba su batería sin que nadie le viese.

Después de un rato allí, observando todo de nuevo, compartiendo recuerdos entre ellos, olvidando un poco el dolor y riendo con fuerza a pesar de todo, habían sido días felices así que recordarlos también les hacía felices en cierta manera, después de todo eso Matt salió de allí y cuando volvió a entrar Brian se quedó atónito, en sus brazos traía sus primeras guitarras en condiciones, las reconoció enseguida por la personalidad de sus fundas y preguntó sonriendo:

- ¿Esto era ese 'algo' que no encontrabas en casa, Zacky? - Éste asintió. - No me extraña, hace como siglos que no tocamos con esto.

- Bueno, nunca es tarde para eso. - dijo Johnny.

No hizo falta decir nada más, cada uno cogió su instrumento, admirándolo y mimandolo, y después de un  buen rato afinándolos, los primeros acordes de Shattered by Broken Dreams empezaron a inundar el local. Pasaron allí horas y horas, hasta que finalizaron su concierto particular con So far away, era su personal felicitación para el hombre que les había dado todo y les había cambiado la vida de un modo distinto a cada uno de ellos, y lo seguía haciendo allí donde estuviese allá arriba, pero esa noche los cuatro sabían que había bajado del cielo para soplar las velas, y estaba ahí entre ellos aporreando con fuerza su batería, podían sentirlo, y era algo que sólo ellos cuatro podían sentir.

Al salir de allí, Brian dejó olvidado, o no tan olvidado, su mechero, a fin de cuentas aquel era el lugar al que pertenecía, entre esas cuatro paredes seguía viviendo su legítimo dueño.

- Feliz cumpleaños, Sullivan. - susurró Brian al salir.


miércoles, 8 de febrero de 2012

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- ¿Y si estoy tan hundida, por qué parece que hay algo en mi interior que no me permite llorar?

- Porque ahogaste a todas tus lágrimas al fingir tantas sonrisas.