ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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sábado, 7 de julio de 2012

(Uni)versos (in)finitos.

Cada vez que la tinta de aquel tatuaje le ardía por debajo de la piel, era que algo le estaba pasando a él. Significaba que él la necesitaba cerca tan profundamente que cada poro de su piel le gritaba mediante ese signo de infinito. Cada vez que aquel tatuaje le ardía, Marina se cagaba de miedo. En todos aquellos años en los que ya no estaban juntos, aquel tatuaje había ardido por miedo, por otro amor, por pasión, por culpabilidad, por echar de menos, por soledad, por terror. Y todo en ese orden. Marina se retorcía por dentro cada vez que le ardía, era como si alguien (él) metiese las manos por esos dos círculos, le removiera las entrañas y le sacara el corazón hecho pedazos, pero lo aguantaba, al final él siempre llamaba y, tras hablar con él, el dolor se desvanecía y ambos volvían a olvidarse. Pero esa vez llevaba ardiendo demasiado tiempo, Marina creía que iba a morir de dolor, ardía con la intensidad de todo lo anterior multiplicada por infinito, y eso no podía ser buena señal. Pero Marina aguantó el dolor, a base de pastillas y alcohol, y, al final, el teléfono sonó.

Él estaba muerto.

El tatuaje nunca volvió a arder,
el infinito se convirtió en finito.

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