ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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domingo, 13 de mayo de 2012

Cuando suba la Marea.

Ella era la chica del secadero, la que cuando reía se hacía de día sin amanecer. La que le había querido a dentelladas, y ya no tenía nada que desatar, la que le quitaba el precio a su soledad. La que se lo hacía despacito, la que tenía la cama hecha donde no había ventanas, donde las miradas tenían ganas, donde llevaba al olvido a soltar la melena, ella era piedra pero daba igual porque él era pedregoso camino, la que le miraba de reojo cuando creía que él no la miraba, pero como no la iba a mirar si ardía como el rastrojo en cuando él se descuidaba. La que veía los avisperos a colores cuando estaba con él, cuando de puertas pa' fuera se hacía todo añicos. La que seguía vadeando sus Guadalquivires, la que iba al trote mientras sabía que no iba a llegar, la que la vida se le desbordaba del cubo, se le encabritaba y le tiraba el embudo. La que tenía la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos, la que encontraba sentido al seguido del punto del fin. La que se ponía el moño apretao pa' que se jodiera el viento, la que iba desnuda mientras él iba descalzo al son del amor del ronco tambor que tocaba la luna, la que se bañaba en sus ojos para que se jodiera el mar, la que quemaba los tronos donde reinaban dudas. Ella era Manuela, la que cantaba saetas, la que tenía en los ojos girasoles. La que hizo con cuchillos ese hogar, que se otoñaba con hogazas cada vez que la desdicha lo embestía para entrar a revolver, la que cocinaba sus migrañas con los hornos a todo gas. La que tenía el corazón de mimbre, de esos que se doblan antes que partirse, la que tendía su pena al sol en la cuerda de tender desolación, la que cosía te quieros en un papel, la que se asustaba al oír como le retumbaba a él el pecho, mientras él decía: Tranqui, sólo es mi maltrecho corazón, que se encabrita cuando oye tu voz, el muy cabrón. La que fue, era y sería nada, la que tenía colgado un mar de las pestañas, a la que le sobraba todo lo que iba después del yo te quiero y yo también. La que le querría deshecho, la que le querría en la roca viva, en todos los versos que no quisieran sus pupilas, la que le querría libre. La que se quedaría hasta el día en que lloviesen pianos, la que le follaría como si esa noche se fuera a comer las estrellas una a una. A la que no le cabían más pecados en sus manos, la que intentaba cruzar con plomo en los bolsillos. La que se iba con la camisa rota porque se había hecho una bandera con guirnaldas de guijarros, plumas de palomas negras. La que podía comer mierda y acostarse en los portales si a la noche tenía a alguien que la abrazara, la que sólo quería que la quisieran, como tú, como todo el mundo, la que si la herían y él metía el hocico diría que no lo necesita con la sonrisa más bonita. La que se orinaba en ese destino para el que había nacido. La que estaba ebria de luceros, yendo a la deriva. Ella era de la ciudad de los gitanos, quién la vio y no la recuerda, ciudad de dolor y almizcle con las torres de canela. Que era por ella por la que él ya ni se asomaba a la ventana para verlas venir, que se apegaba a ella como el barniz y se le pudría la madera en mil quinientas primaveras sin dormir, que sería por ella que cabían todos sus malos ratos en la caja de zapatos donde guardaba el porvenir. La que andaba igual que un toro sin resuello que enseña la frente, que lleva en cada cicatriz luciérnagas resplandecientes. La que de punta en blanco diría: quiero morirme contigo. La que se cansó de esperar a su sueño despierta, a la que le bastaban cuarenta duros de felicidad. La que le llevaba a coger chatarra de esa que había tirada por sus sueños, con un ojo en la espalda, como los trileros. La que llegaba de su mano, con el pelo como el betún, como un piropo bien tirao. Era la que no tenía sitio, era el pellizco para cuando se olvidara de él, del perro verde. La que nunca siguió al rebaño porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar, la que pudo levantar la voz, aunque la ignorancia fuera sorda. Su nombre se llama MAREA. Ella era la que había sido feliz aquel 11 de mayo viendo como subía la Marea.

'Ya nos veremos, y si no nos vemos será por mi culpa.'

1 comentario:

Killmys0ul dijo...

PRECIOSO. Precioso. Precioso. Si Kutxi leyera esto se sentiría orgulloso de los fans que tiene. Ojalá cada noche fuera 11 de mayo, yo me quedaría allí... hasta el día que lloviesen pianos.