ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

dddddd

domingo, 30 de diciembre de 2012

Hasta que todo encaje.

Dejé trocitos de mi corazón escondidos en cada esquina de la ciudad, estaban tan asustados que no tuvieron valor para buscarse unos a otros, nunca pudieron volver a formar una sola entidad, pero cada uno de esos pedazos seguía latiendo sólo por ti.

De vez en cuando recorro Madrid y me los encuentro mendigando en el asfalto, les pido que vuelvan a mí, y todos me dan la misma respuesta: yo ya no soy su hogar, desde hace años, su hogar eres .

viernes, 28 de diciembre de 2012

La puntualidad de los sentimentales.

Sabes que nunca nos llevamos bien, el tiempo y yo. Sabes que nunca me gustó tener que ser esclava de una hora, un minuto y un segundo. Sabes que siempre voy a deshora, que no sé llegar a tiempo a ningún sitio. Sabes que me enervan las prisas, los horarios, la rutina. Pero, ¿sabes? En el momento exacto en el que tú me necesites, en ese mismo segundo, sin importar nada más, yo estaré puntual justo a tu lado.

viernes, 7 de diciembre de 2012

(Co)razones.

Siempre pensé que las promesas eran de cristal, mientras que nunca creí en esa tontería de que los corazones se rompen. Las promesas se rompen, se hacen añicos, se convierten en pedacitos de todas aquellas palabras que en su día creíste, y que resultaron ser putas mentiras. Lo que ocurre en el corazón es que le tenemos tan fuertemente aferrado a esas promesas que, cuando el cristal se resquebraja, se desgarra y nos sangra por dentro, y creemos que lo que tenemos roto es el corazón cuando, en realidad, este lo único que hace es devolvernos a la realidad a través de su dolor y, sobre todo, hacernos mucho más fuertes.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sonrisa, constancia y fuerza.

Él tenía la extraña manía de puntuar mis sonrisas...

- Empezaremos del 1 al 10.
- ¿Y el 0?
- El 0 sería la ausencia de ella, y mientras yo siga a tu lado eso nunca ocurrirá. -decía, y que razón tenía.

Lo extraño es que aprendió a desentrañar mis sonrisas mejor que yo misma, me miraba al final de cada día y me decía: "esa es de 6, no has tenido un gran día, no te preocupes, mañana la convertiré en una de 10." Y (casi) siempre cumplía esa promesa, así que puedo decir que mis sonrisas acabaron siendo más suyas que mías, al fin y al cabo él era el que dibuja esa curva perfecta en mi boca. 

Pero esa curva fue disminuyendo poco a poco, con el paso de los meses, de los años, de la vida. Hasta que un día me soltó: "la de hoy es de 0, lo siento." Al día siguiente se marchó, a partir de ahí todas mis sonrisas fueron de 0, y mis lágrimas de 10. 

Pero entonces, un día de invierno, no sé por qué razón, decidí empezar a puntuarme yo a mí misma mis sonrisas:

- Empezaremos por infinito, y de ahí no bajaremos. -me dije, y yo siempre cumplo mis promesas.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Oniria e Insomnia

Insomnia era un día nublado, era tonos grises de lápiz y hojas de cálculo. Era pura racionalidad. Le gustaban los números, la rutina. Era ordenado y categórico. Insomnia no podía soportar perder el control, ni el contacto con la realidad, no sabía lo que eran los sueños, ni la libertad, vivía preso de su lógica. Insomnia sabía exactamente quien era.

Oniria era el arco-iris personificado. Era un espíritu libre. Era pura imaginación. Era una vida hecha a base de sueños y pincel. Era la pasión desbordante de una noche de verano. Era color, era la sensación de la arena bajo los pies. Era desordenada y salvaje, era imaginación sin límites, arte y poesía. Era el verbo sentir en primera persona. Era anhelo e intuición. Oniria era todo lo que quería ser.

Oniria e Insomnia eran tan incompetibles como Luna y Sol, como y yo.
Y, sin embargo, pasaron toda la vida uniendo su dualidad, dentro de mi cabeza.

domingo, 21 de octubre de 2012

Somewhere over the rainbow.

Adoraba la lluvia pero aborrecía los días grises, siempre echaba de menos al Sol, por eso los días de lluvia nunca conseguía ser completamente feliz. Todo esto cambió cuando él apareció en su vida y le trajo la luz de mil soles, todo el Sol que hizo falta para desterrar la soledad, la tristeza y la negrura de su vida, todos los soles que necesitó para que ella no dejará nunca más de sonreír. Sin embargo, él siguió llamándola Arcoiris todos los días de su vida.

viernes, 5 de octubre de 2012

Contigo/Sinmigo

Porque a ti y a  no nos puede nada, pero nosotros lo podríamos todo, 
infinitamente juntos.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Unas veces somos tanto, y otras tantas somos nada.

Ellos eran su propia perdición. Su historia no se basaba más que en encuentros fugaces, en la pasión de un momento.
Ellos eran autodestrucción. Sus vidas se habían separado hace tiempo ya, si es que alguna vez llegaron a enlazarse. Ahora, cada vez que se volvían a encontrar, lo mandaban todo a la mierda y volvían a caer.
Ellos nunca lo supieron, o nunca quisieron admitirlo, pero eran la mitad el uno del otro, su otra cara, su medio todo, su medio nada.
Lo que pasaba es que cada una de esas mitades se atraía tan fuertemente que, cada vez que chocaban, lo hacían con tal intensidad que se resquebrajaban poco a poco.
Tantas veces fueron las que chocaron que, al final, sus corazones se convirtieron en polvo, y sus caricias en olvido.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Mi pequeña cicatriz.

Nos empeñamos en creer firmemente en esa tontería de que el tiempo cura todas las heridas, y lo desperdiciamos pensando que así todo irá mejor, todo será más fácil. En realidad, lo único que ayuda a cicatrizar es seguir viviendo, no es el paso del tiempo sino las nuevas experiencias lo que nos cura. Yo sé que no voy a poder recuperarme del todo de todo aquello, pero tengo que aprender a vivir sin ello, a vivir con esa pequeña cicatriz, aunque en noches como esta amenace con volverse a abrir.

martes, 25 de septiembre de 2012

Incendios de nieve y calor.

Siempre me decía eso de que (casi) nunca la escuchaba. En cierto modo no se equivocaba, yo la decía que hablaba demasiado, que como siguiese así se iba a quedar sin palabras antes de haber terminado de vivir.

Nunca me decía eso de que (casi) siempre la escuchaba. En cierto modo sí se equivocaba, yo la escuchaba incluso cuando callaba, la escuchaba más allá de las palabras que salían de sus labios, la escuchaba mirándola a los ojos, la escuchaba atrapándola en mis brazos, sabía incluso cosas de ella que ella nunca admitiría, sabía eso de su miedo al futuro, sabía eso de su miedo a la soledad, sabía eso de los relatos que escribía y que nunca había enseñado a nadie, y sin embargo yo sabía cómo eran cada uno de sus personajes, sabía identificar las sutiles diferencias de todas sus sonrisas, y el sabor amargo de cada una de sus lágrimas, sabía eso de que me quería por encima de cualquier pero. Pero. Nunca supe por qué. Tampoco lo necesitaba.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Seres únicos.

- ¿Nunca te has fijado en cómo lucha la gente día a día para demostrar ser más especiales que el resto? Mejores, diferentes, únicos. ¿Y nunca te has fijado en la soledad que entrañan las personas más únicas? A todo el mundo le encanta que les digan los especiales que son, lo raro, excepcionales, singulares y únicos que son, incluso hasta a mí me gustaba. Yo luché con uñas y dientes por convertirme en eso, en el ser más único que hubiese existido, creo que lo conseguí en cierto modo, lo conseguí porque me convertí en el ser más solitario del mundo, y eso, en definitiva, es ser único. Luego ocurrió todo, llegó toda esa gente que me quiso salvar y que yo arrastré al abismo conmigo, toda esa gente que desperdicio su única vida en intentar que yo fuera menos único y que no lo consiguió. Luego llegó ella, y descubrí que existía un ser más único que yo, un ser más solitario, un ser más hundido y más oscuro, y ocurrió que me salvó, y juntos caímos en un abismo más hondo, más negro, más solitario, más menos todo, y de esa soledad hicimos nuestro hogar. Nunca he llegado a descubrir si fuimos felices, no había sonrisas la verdad, pero tampoco lágrimas, era la nada más única, y yo estaba cómodo allí, era más de lo que siempre había querido y aún así creo que no era feliz. Y es que cuando eres único ni siquiera logras descifrar lo que sientes por dentro. Pero cuando fuimos únicos...

- ¿Qué ocurrió?

- Que yo, sin quererlo, o eso quiero creer, le robé su singularidad, la convertí en un ser corriente, entonces se asustó del abismo y huyó, esa fue la primera y la única vez que la vi sonreír y llorar a la vez. Ella me hizo único, y yo la hice feliz, y ahora sólo la soledad me arropa por las noches, y ahora me gustaría ser otro ser ordinario como tantos, y salir de esta gris situación.

martes, 28 de agosto de 2012

V.

V era una cámara. V era París. V era una escena. V era Amélie. V era Madrid. V era invierno en Gran Vía. V era mis ganas de sonreír. V era lluvia. V era correr bajo esa lluvia. V era mil recuerdos y mil futuros. V era mi canción favorita para las tardes de Verano. V era capaz de hacerme feliz solamente por existir. V era un verso improvisado. V era unos ojos verdes y un pelo azabache. V era rara, y cuando digo rara quiero decir que V era especial. V era alguien que valía la pena y la alegría conocer. V es una de las personas más importantes para mí. V me trajo una vez noticias de Holanda, y ya no me dejó escapar.

Felices 21.

jueves, 23 de agosto de 2012

Las cosas que no pude responder.

Siempre que no sabía que decir me soltaba un te quiero. Por eso, el día que la dejé sin habla y se quedó en silencio, me asusté tanto que sólo pude huir, sabía que había dejado de quererme.

Siempre que no sabía que decir le soltaba un te quiero. Por eso, el día que me dejó sin habla y me quedé en silencio, me asusté tanto que sólo pude huir, sabía que lo que sentía por él era tan inmenso que ya no podía expresarlo con palabras.

Corazón de mimbre.

Se pasó la noche entera transformando su corazón de piedra en corazón de mimbre. Al alba, le pregunté que por qué un corazón de mimbre, ella, loca, respondió:

- Porque se dobla antes que partirse.

Después me cantó esta canción, y me enamoró. Al día siguiente, desapareció.

viernes, 10 de agosto de 2012

Vuestra libertad, sólo vuestra libertad.

Georgia lo hacía todo tan fácil. Era una idealista innata. Era libre. O era libertad, nunca llegué a averiguarlo. Todavía recuerdo el día que le hablé de aquel sueño que nadie conocía. Bueno, creo que ahora ya da igual si os lo cuento a vosotros también; siempre quise crear una película de la nada. Cuando era pequeño, pasaba las tardes en unos pequeños cines de mi ciudad, creo que ese ha sido el único lugar donde he sido puramente feliz, puramente libre. Cuando conocí a Georgia sentí que ella era la personificación de ese lugar, y se lo conté todo; la historia que tenía en mente pero que nunca había escrito, porque siempre he sido un negado con eso de las palabras, los personajes, el lugar, incluso le describí escenas que estaban completamente creadas en mi mente, la posición de los focos, la fuerza o debilidad de las luces según los sentimientos que quería transmitir, el primerísimo primer plano de una sonrisa, el primer plano de la tristeza, el gran plano general final de la ciudad inventada donde aquella locura sucedía, los colores que quería usar en escenas concretas, las sensaciones que quería transmitir... Creo que ese fue el mejor día de mi vida, el día que compartí mi pasión más antigua con mi pasión más reciente, y ella sonreía como creyendo que pudiese hacerlo realidad, creía en mí. Esa noche hicimos el amor como nunca antes lo habíamos hecho. Y no la volví a ver hasta, exactamente, dieciséis días después. No había sabido nada de ella en dos semanas, yo estaba terriblemente asustado y enfadado pero cuando la vi en la puerta de mi casa me besó, y me entregó algo. Ese algo era el guión de mi película. No me lo podía creer. Esa mañana tuve el mejor sexo de mi vida por segunda vez. Después de aquello que se fue de verdad, creo que se asustó, ya no se sentía tan libre y tuvo que huir. Nunca le reproché la manera como asesinó mis sueños. Nunca leí su guión. Nunca hice su película.


martes, 31 de julio de 2012

R.

- Dicen que el amor es cosa de personas, que puedes sentirlo por tu familia, tus mejores amigos, y, si eres afortunado, por esa persona que llega a ser tu yo (o tuyo). Pero lo que no sabéis es que se puede ir más allá, no sé cuanto la verdad, no sé dónde están los límites, lo único que sé es que te puedes enamorar de algo que es mil veces más grande que tú, que te envuelve por completo, y que recorres con tus pasos, te puedes enamorar de algo que siempre tendrá algún nuevo precioso secreto que mostrarte, te puedes enamorar de algo que llenan de vida millones de personas, personas que nunca vas a conocer, que quizá sólo veas una vez en la vida, que tendrás frente a ti un minuto, y a la hora siguiente habrás olvidado, lo que no vas a olvidar será cada una de las facciones de las calles de esa ciudad en la que ya estás atrapado. Porque no hay escapatoria, cuando te quedas prendado de la inmensidad de una ciudad, lo único que quieras es dejarte atrapar por ella para siempre. ¿No crees?

- Entonces creo -no lo creía, estaba completamente seguro- que eres mi ciudad.


jueves, 19 de julio de 2012

De ir en contra de los vientos.

Tenía el corazón marchito,
de tan picoteado.

Pero.

Seguía sonriendo.

viernes, 13 de julio de 2012

Donde la luz siempre estaba en ámbar.

Ese día descubrí el por qué del color rojo en los semáforos. Ahora estoy en mi viejo descapotable, en la misma calle, en el mismo cruce, frente al mismo semáforo, observando como cambia de color, verde, ámbar, rojo, ámbar, verde, ámbar, rojo, ámbar... No sé cuanto tiempo llevo aquí, oigo el eco de los pitidos de otros conductores enfurecidos, no saben lo que hago, no lo entenderían. Y llega el rojo otra vez, y ahora sé que ese rojo es un adelanto de lo que pasará, ese rojo es el rojo de la sangre que ella derramó sobre el asiento del copiloto, sobre la carretera, sobre la acera, sobre otro coche y, sobre todo, sobre mí. Creo que todavía me quedan restos, aunque no los veáis, esos restos están anclados dentro de mí, son los restos que ella dejó dentro de mí antes de morir, su último 'te quiero' quebrado, su última caricia. Desde ese día, cada viernes, a la misma hora (20.13), arriesgo mi vida en el mismo semáforo y sigo saliendo ileso. Fui yo quien pasó en rojo, fue su sangre la que se derramó.

Quizá sea mayor castigo esta culpabilidad que me consume poco a poco. Rojo. Toca arrancar. 

lunes, 9 de julio de 2012

Amor de invierno.

Seguramente hayáis oído hablar de los amores de verano, esos que tienen el sonido de las olas del mar como banda sonora, y todo el océano a sus pies, esos que son tan cálidos por dentro como el sol que alumbra cada uno de los días de vuestra historia, esos amores tan breves que recuerdas de por vida, esos que tienen color azul celeste como el cielo despejado, o el reflejo de ese cielo en vuestro lago privado.

Pero lo que no sabéis es que existen amores de invierno, y lo que no imagináis es que estos son los mejores. Los colores del invierno son negros y grises, como los edificios y las calles de la ciudad a la que estás atado. El invierno es frío, es lluvia, viento y nieve, es granizado, es hielo, es caras largas, charcos y aguacero. El invierno es melancolía, nostalgia y tristeza. Pero. ¿Sabéis por qué los amores de invierno son mejores? Porque transforman todo lo anterior en verde, en azul cielo. Porque transforman todo lo anterior en calor, en rayos de sol, en color, porque derriten el hielo, el granizado, la nieve, la lluvia e incluso el viento.

Los amores de invierno son mejores porque no tienes que recordarlos, tienes que vivirlos eternamente.

Los amores de invierno son mejores porque, mientras fuera el mundo se transforma en truenos y relámpagos, por dentro ardes con un calor tan intenso que tus ojos se vuelven arcoiris.

sábado, 7 de julio de 2012

(Uni)versos (in)finitos.

Cada vez que la tinta de aquel tatuaje le ardía por debajo de la piel, era que algo le estaba pasando a él. Significaba que él la necesitaba cerca tan profundamente que cada poro de su piel le gritaba mediante ese signo de infinito. Cada vez que aquel tatuaje le ardía, Marina se cagaba de miedo. En todos aquellos años en los que ya no estaban juntos, aquel tatuaje había ardido por miedo, por otro amor, por pasión, por culpabilidad, por echar de menos, por soledad, por terror. Y todo en ese orden. Marina se retorcía por dentro cada vez que le ardía, era como si alguien (él) metiese las manos por esos dos círculos, le removiera las entrañas y le sacara el corazón hecho pedazos, pero lo aguantaba, al final él siempre llamaba y, tras hablar con él, el dolor se desvanecía y ambos volvían a olvidarse. Pero esa vez llevaba ardiendo demasiado tiempo, Marina creía que iba a morir de dolor, ardía con la intensidad de todo lo anterior multiplicada por infinito, y eso no podía ser buena señal. Pero Marina aguantó el dolor, a base de pastillas y alcohol, y, al final, el teléfono sonó.

Él estaba muerto.

El tatuaje nunca volvió a arder,
el infinito se convirtió en finito.

viernes, 6 de julio de 2012

Me llaman Octubre.

Me puedes llamar Octubre, tengo veinte otoños. Soy diferente por el simple hecho de ser yo y no tú, ni tú, ni tú tampoco, ah, sí, por eso también soy única, pero eso no quiere decir que sea especial, al menos eso no me compete a mí decirlo, a no ser que quiera demostrar mi egocentrismo, y eso no queda bien en nuestra primera cita. Al igual que no queda bien el humo de tu tabaco acampando en mis pulmones, así que apágalo, gracias. Vale, soy borde y exigente y, a ratos, odiosa. Eh, vale, vete si quieres, pero te perderás mis cosas buenas, aunque esas, si quieres, las va a tener que descubrir tú... Y a ti te llamaré Noviembre, para no tener que imaginarme hablando con un ente imaginario. Me pillas en frío, en invierno, y no sé como impresionarte, ah, bueno, puede que haya algo, sí, esto puede funcionar: leo mentes y tengo un maldito don para saber que va a pasar. ¿Quieres saber de qué va eso? Sígueme. Vamos, sigue andando, mientras te seguiré contando algo más de mí. Soy escorpio, mi planeta es Plutón, que tú dices que no, pero que yo te digo que sí, que es un planeta, que he viajado con la luz de las estrellas y he llegado hasta ese minúsculo cuerpo celeste. Mi número, el 7, el número mágico por excelencia. Mi estrella, la segunda a la derecha. No pongas esa cara, ¿qué pasa? ¿tú no tienes estrella? Corre, te estás quedando atrás, Noviembre. Mi nube, la que tiene forma de sonrisa. ¿La ves? Siempre está ahí, cada día. ¿Quieres saber más? Tú sigue sonriendo y yo te seguiré contando.

jueves, 5 de julio de 2012

No te quiero tanto, te quiero mejor.

Otro día más moría en Madrid, el invierno se calaba en cada uno de los huesos de la capital, y en cada uno de sus rincones revoloteaban las cenizas de los dos años que pasaron allí, refugiándose, paseando su historia. Hoy se han vuelto a ver, el destino ha vuelto a traer la casualidad sin avisar, y ahí estaban los dos, un año después, mirándose a los ojos, mirando dentro de ellos y a través de sí, como solían hacer, intentando disimular, intentando disimular los meses grises, las noches pensándose, los días sobreviviendo, intentando disimular la sonrisa por verse. Él rompió primero el silencio:

- ¿Sigues con tus historias?

- ¿Qué historias?

-  Ya sabes, esas tonterías que me decías sobre la felicidad.

- ¿Tonterías? - ella sonrió. - Sí, supongo que lo eran, y no, no sigo con ellas. Alguien me ayudó a comprender que la felicidad es transitoria y que sólo dura un rato. Intenté apropiarme de ella demasiado tiempo, y eso sí que fue una tontería, al final la perdí y la tristeza fue doble, como tus tequilas.

- Tú y tus metáforas, hay cosas que no cambian.

- La gente no cambia, evoluciona.

Sus palabras destilaban rencor y cariño a partes más o menos iguales, cómo lo hacían es algo que sólo pueden saber dos personas que se han sangrado por odio y por amor a la vez.

- ¿Y tú? ¿Sigues con la música?

-  Eso es algo que nunca se deja, pequeña.

- Cierto, se me olvidaba que el rock n' roll era tu droga favorita.

- Relativamente cierto. - en realidad, su droga favorita era ella, y ahora que la tenía tan cerca, la ansiedad y el mono volvían a apodarse de él. Y, en realidad, ella lo sabía, y sonreía por dentro.

- Suerte. - esa fue su despedida.

Ella iba a desaparecer, era así de impredecible, llevaba un año ansiando encontrarle de nuevo y ahora era ella la que se escapaba. Él sabía que no podía retenerla así que, como tantas otras veces, la dejó ir, era fiera y libre, al igual que él, por eso se habían acabado destruyendo.

Ella se alejaba, él la observaba mientras se encendía un cigarro. Y, como si se le hubiese ocurrido de repente, ella se giró y gritó:

- Ya no me quieres tanto, ¿verdad? - sonrió.

Él también sonrió automáticamente, mientras respondía:

- No te quiero tanto, te quiero mejor.

martes, 3 de julio de 2012

Escribo.

Escribir me sana, me llena, me sacia,
nunca sabréis de que manera,
escribir me arrastra hasta las entrañas del mundo,
hasta el mismisimo tuetano de la primavera.

Escribir me ayuda a olvidarme de lo inútil,
a entender el punto de vista de cualquiera,
a volar por dentro, y por fuera estar inmóvil,
a clavar desnudo en cada noche mi bandera.

Escribir me aisla, me secciona, me secuestra
escribir me hunde y me reflota con más fuerza,
escribir me abraza cuando todo me abandona,
y después me ayuda, a enfrentarme a mis rarezas.

Y es por eso que ahora escribo cada día,
sin temer las conclusiones de aquellos que me lean,
por la simple y básica necesidad de alegría,
que genera en mí, escarvar entre mis penas.

Belo.

martes, 26 de junio de 2012

De haberme perdido cosas de ti.

Y de repente ocurre, algo se acciona, puede ser por cualquier cosa, algo casi imperceptible para el resto del mundo, pero que revoluciona tu mente y a ti te remueve por dentro, algo que nadie más entendería, bueno sí, el otro extremo de este opuesto. Y es entonces cuando te cambia el chip, y es entonces cuando vuelves al pasado de lágrima y porrazo. Y ahora te hablaré en primera persona, porque sé que yo nunca podré olvidarme de ti, o más bien debería decir del ti que eras antes, y si hay algo de lo que me arrepiento es exactamente de eso, del hecho de haberme perdido cosas de ti, y de saber que voy a seguir perdiéndomelas porque sé que ya no puedo volver. Cambiaste de número, de casa, de vida, yo cambié de forma de ser, cambió lo que sentíamos, pero lo que vivimos sigue ahí, totalmente oculto por mis inmunerables mecanismos de defensa, esos mecanismos que hacen guardia día y noche en mi cerebro para que tú no cruces la línea y bajes más abajo, a ese sitio que un día latía más fuerte por ti, aunque ya no puedo fiarme más de esos mecanismos, esos que se han derrumbado por completo por algo casi invisible, ese click que todavía estoy buscando. No quiero que vuelvas, y no quiero volver, sólo quiero cicatrizarte, quiero que me dejes de sangrar, quiero que este dolor deje de invadirme cuando menos me lo espero, o quizá no, quizá mañana me plante en tu puerta y zanjemos nuestra particular cuenta pendiente, esa que tanto nos dio para soñar, o quizá lo único que quiero es que deje de ser un quizá.


jueves, 14 de junio de 2012

A veces sobran reflejos, a veces falta valor.

¿Cuanto tiempo tiene que pasar después de un adiós para qué te empiece a sangrar el corazón? Ya os dije que el tiempo es relativo y en este caso el dolor también. El dolor por la pérdida rozará el infinito si es una despedida sincera, de verdad, de esas llenas de te quieros, de nuncas en los que no os olvidaréis, de palabras vacías pero que en ese momento llenan cada lágrima, cada silencio, alma y corazón. Sin embargo, el dolor ni siquiera pasará por aquí cuando la despedida ni siquiera llegue a ser eso, despedida, cuando el fin esté lleno de odio y rencor, cuando lo malo tiña de negro lo bueno. Aquí el final llega de golpe, sin avisar, sin que te lo esperes, y sin que apenas te sangre, lo único que te hace sangrar es la rabia, la rabia por las preguntas que no paras de hacerte y que no te serán contestadas, rabia por no entender, rabia. En este último caso el dolor sangra después, aquí el tiempo es crucial, pues no es hasta que todo pasa, hasta que todo vuelve a su nuevo lugar, cuando notas el vacío. No es hasta que la vida se reanuda cuando te empiezas a preguntar por qués y por qués no y, joder, creéme que eso duele y sangra y devora y te revuelve por dentro y subes, bajas, sonríes y son nadas, y miras al pasado y empiezas a echar de menos y de más, y en parte te odias por ello, y en parte odias todo lo demás. Y al final, como en el caso anterior, sólo queda el dolor por la pérdida, ya no hay vuelta atrás, ya sólo queda decir eso de 'Buena suerte y hasta luego.'

miércoles, 13 de junio de 2012

Se trataba de esto. (Hasta siempre, flacos)

"Me he despertado en una casa que no es la mía. Son las 11 de la mañana. Me pita el oído izquierdo, tengo un agujero en el estomago y el cuerpo flaco para adentro post-concierto. También se llama resaca infernal, pero eso de justificarlo con el trabajo me cuadra más y me apaña un poco la culpa de haberla liado parda. Salgo al balcón y me oriento, estoy en la calle Fuencarral. Hace un sol radiante y huele a Madrid. Al bueno, al de Malasaña de día. Suena "When the night was young" de Robbie Robertson desde el salón. Dios existe. "Anoche fue bonito, ¿verdad?". "Mucho Lei, fue mágico" (hablamos del show de Pereza… Vistalegre) ¡Pum! viajo por un momento al escenario y veo el mosaico de once mil móviles encendidos en "Amelie". Wow… Aunque no lo creáis, es en este preciso momento cuando me doy cuenta de la dimensión de todo. De las emociones infinitas vividas ahí arriba y del viaje que se llevó mi patata, anoche. Bajo a comer algo a un bar y a comprar El País. Éste suele ser un momento especialmente dulce. Comprar el periódico el día después de los shows importantes en Madrid. Bueno, no siempre. Alguna hostia buena me he llevado. Mi amigo David Trueba dice que nuestro oficio va de salvar la cara. Amén.
Hay cinco palabras que se repiten siempre en todas las críticas de Pereza desde hace 10 años. "Flacos", "chavalas", "instituto" y "macarras, buenos". En general me jode el cliché, pero pensándolo bien, Chuck Berry estaría orgulloso de nosotros. Con esas cinco palabras se construían todos los rock and rolles de los 60. Por lo menos el tipo que escribe la crítica, en este caso, controla. Aunque siempre deja algún recado. Aquí podéis entender más o menos eso que decimos los músicos a veces de "Evolucionar y buscar otras cosas…". Siento que con Pereza hagamos lo que hagamos, todo va a girar en torno a eso, siempre. Eso no es ni malo ni bueno. Simplemente es. Dentro del absoluto privilegio que significa que te presten atención, claro.
Al lío. Le he pedido un boli y unas servilletas a un amable camarero, porque tengo una necesidad imperiosa de expresaros el sentimiento de gratitud que me invade.
Anoche estuvisteis fantásticos, cariñosos y geniales. Fue apabullante el trato que nos brindásteis. Lleváis muchos años ahí abajo sosteniéndonos ahí arriba. Con una fidelidad que no se me va a olvidar nunca. Venimos de los clubs, de abajo, de ganaros uno a uno, concierto a concierto. Tocando en cualquier lugar de cualquier de manera. Con mucha pasión por esto. Devorando carretera. Sin trampas. Por eso cualquier pequeña o gran recompensa nos ha sabido a gloria. Creo que es crucial saber de dónde vienes para tener una mínima idea de hacia dónde vas. Eso siempre lo tuvimos bastante claro.
Pereza ha sido mi vida, mi sueño, mi novia y mi todo lo demás. Rubén, un compañero de viaje inmejorable, con un talento y una sensibilidad de otro planeta. Nadie se hace una idea de todo lo que nos une a ese alambre y a mí. También a todo el equipo humano que siempre nos acompañó en las buenas, en las malas y en las regulares. Supongo que alguna carpeta de algún instituto habrá forrada con nuestros caretos como la llevábamos nosotros con Keith Richards y los Who. Eso es bonito y suficiente para mí. Arañamos un poco el cielo y escribimos algunas canciones bonitas. También destrozamos alguna habitación de hotel y lo más importante, lo pasamos insultantemente bien. Se trataba de eso, ¿no? Tuvimos una banda de rock and roll. Sí, joder.
Será emocionante cuando volvamos a aullar juntos a la luz de la luna. Os llevo a fuego. Cuidaros el alma y ojala nos sigamos viendo en los conciertos. Gracias por todos estos años y por esos aplausos que aun me retumban en el pecho.
Suerte y magia.
Lei."
 

lunes, 4 de junio de 2012

Te llevaría hasta el final de los océanos.

Yo soñaba con conquistar Atlánticos mientras 
tú te ahogabas en el rastro de mis charcos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Cierra los ojos.

<<Voy a hablar ahora de una cosa complicada, porque sí es verdad que al final hay que saber distinguir un poco entre la persona y el personaje, porque aquí todos somos muy macarras cuando lo que hay que ser, muy padres cuando lo hay que ser, y muy personas cuando lo hay que ser. Pero no de mí, porque mi público es un fiel reflejo de lo que soy yo, estoy hablando de vosotros también. Y os voy a decir una cosita que vosotros habéis vivido también, porque supongo que también habréis cometido muchos errores, yo soy la persona con más defectos de este planeta a años luz del segundo, y he pasado por etapas de mi vida realmente complicadas, he pasado por etapas de mi vida realmente oscuras, he estado a punto de caer, de hecho. Pero un día llegué a mi casa y pensé en la gente que me importaba, la gente que me importaba, la que sé que no me va a fallar, estoy hablando de mi madre, de mi padre, de mis hijos, y en cierta medida de ustedes, la gente que me apoyó cuando las cosas no estaban fáciles. Ese día llegué a mi casa, cerré los ojos y me paré a pensar en qué era la cosita, la cosita tan pequeña pero tan grande que me estaba impidiendo ser feliz cuando me estaban pasando cosas enormes. Y rápido identifiqué el problema, fijate tú, que cosas tiene la vida. Vamos a cerrar los ojos todos juntos ahora y vamos a identificar ese pequeño gran problema que yo conseguí sacar de mi vida con mucho sacrificio, señores. ¡Cuídense, que tienen que durar muchos años!>> - Melendi.


Y que tú eres sin dudar un arma blanca, 
más dañina que ninguna de metal.

domingo, 27 de mayo de 2012

Te hiero mucho.

Él, el que ya era pretérito imperfecto. Él, el que hasta hacía dos días había sido su presente perfecto. Y a ella ya sólo le quedan los recuerdos, el comienzo con aquel primer beso en su coche, mientras fuera se caía el mundo en forma de tormenta, aunque el comienzo fue muchísimo antes, justo en el momento en que sus ojos se hipnotizaron con su sonrisa. Pero ahora a ella las lágrimas no le dejan recordar con claridad, y casi lo prefiere, pero esas cosas están grabadas a fuego en su corazón. Como latidos que esperan su turno para tener su momento estelar y luego morir, así fue su relación. La primera vez que escuchó su voz que, sin embargo, no fue la primera vez que le dijo algo agradable, eso fue mucho después, cuando el odio dio paso al amor, o mejor dicho a la pasión. Nunca hablaron de amor, quizá nunca lo sintieron, pero sí que hablaron de dolor, ese era su juego, hacerse daño continuamente. La primera vez que le metió mano mientras Ryan Gosling se follaba a alguna cualquiera en la pantalla de aquel cine de verano. La primera vez que sus dedos descendieron a su vientre mientras él le decía eso de: Cuéntalos bien, me quedan nueve para profundizar, que tan loca le volvía. La primera primera vez, esa vez que fue el inicio de un fin de semana sin salir de la cama, o una semana, quizás un mes. Y es que el tiempo volaba cuando él le hacía sentir.
Ella de repente deja de llorar, y es que se da cuenta de que lo que le duele y le sangra no es la pasión sino el amor, y es que entre tanto rojo nunca supo si apuntó a matar a la primera o al segundo, y al parecer sólo queda una opción. Y una última lágrima resbala por su rostro hasta llegar al cauce de sangre que el puñal clavado en su corazón empieza a formar, desembocando en su muerte y en su liberación.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Ahora es imposible deshacer lo que me hiciste.

Debería dejar de volver al pasado. Debería dejar de contar todas las promesas que un día fueron y ya no son. Debería empezar a olvidar, a olvidarte, a olvidarnos. Debería empezar a asumirlo. A ratos creo que lo consigo, o que he aprendido a engañarme demasiado bien, pero a ratos largos todo es lo mismo, eras algo más que demasiado pero resultaste mucho menos que infinito, eras quien venía cada mañana y me colocaba bien la sonrisa, con la curvatura perfecta que salía de la chispa de tus ojos, te diré un secreto: todavía lo consigues. Es curioso como funciona este corazón, lo machacaste, lo hiciste polvo, y aún sonríen cada uno de sus pedazos al verte. Debería empezar a, no sé, quizá debería empezar a dejar de intentar empezar cosas que debería pero que no conseguiré, porque no puedo, porque fuiste tú, no fuiste uno más, fuiste tú y nadie más. A veces pienso que me has dejado loca, majareta, a veces pienso que me robaste mi capacidad de amar, deberías devolvermela porque a veces la necesito, casi tanto como te necesito a ti, pero a ti no es a veces sí, es casi siempre sí y sólo a veces no. Y a veces te intento gritar con cada uno de mis silencios, y no funciona lógicamente, al igual que mi lógica tampoco. A veces pienso que debería apostar por ti una última vez, y luego me doy cuenta de que sería algo estúpido porque no he dejado de apostar por ti ni un solo minuto desde que ya no somos nada, o desde que somos nada. Toma, coge las pocas promesas que nos quedan, estampalas contra el cristal, haz que sangren como yo, como tú quizá, luego masca esos cristales prometidos y por último, como nunca, como siempre, bésame trágicamente.

lunes, 21 de mayo de 2012

Mi primera combustión.

Seis años después reapareces y, hablando sola, resumes tu noria de vida en un solo café. Y, curado al fin, me permito el lujo de observar tu pelo raro y creo que ahora fumas demasiado. Y hablas como si te hubiera preguntado de quién te vengabas todo el tiempo que yo estuve a tu lado. Y aún no sé a qué diablos viene ahora tu llamada. Tiembla tu cuchara y eso nunca queda bien. Di, di la verdad, llevas tiempo sin romper muñecos, pasados unos meses alguien me ajustó de nuevo. Y queda un poco lejos cuando me incendiaste, y ya soplaron las cenizas, volaron las cenizas.

domingo, 20 de mayo de 2012

Infinita ingenuidad, ilusión centesimal.

Y cuando crees que el día está perdido entre tanta basura, reaparece una persona en tu vida en el momento exacto, en el minuto idóneo, para sacarte la más grande de las sonrisas, esa sonrisa que llevabas meses sin mostrar al mundo, esa sonrisa que sólo él sabía hacer aparecer.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Dónde fueron los poetas.

No es que haya perdido la confianza en ti, 
es que la he perdido en mí. Y así es como morimos.

martes, 15 de mayo de 2012

One step too far.

- Sé que estás echa polvo, sé que no quieres ni hablarme, ni mirarme, sé que necesitas a alguien con quien enfadarte para intentar soportar el dolor, ese dolor que ni siquisiera puedo llegar a imaginar que estás sintiendo, sé que me has elegido a mí para descargar tu ira y tu rabia, y no te culpo, no puedo culparte, pero por favor, mírame, sabes que yo no quería que nada de esto pasará, si pudiera volver atrás cambiaría lo que hice, actuaría de otra manera, intentaría salvarle la vida por ti, por favor, mírame, e intenta perdonarme, sé que necesitas tiempo, sé que probablemente necesitarás esta y tres vidas más, pero yo ahora necesito a mi amiga, necesito que vuelva mi mejor amiga porque no puedo con esto yo solo, por favor, pégame, insúltame, pero reacciona, no me alejes, no me apartes para siempre de tu vida, porque yo ahora mismo te necesito más que nunca.

- Te estás confundiendo totalmente, no es que necesite apoyar mi dolor en la rabia que siento hacia ti, es que tú y sólo tú has sido el culpable de que él muriese, no quiero que me hables, ni que me mires, y mucho menos que me vuelvas a tocar en tu vida. Cada noche, cuando llego a casa, me acurruco en mi cama y veo su sitio vacío y es entonces cuando pienso en ti, cuando pienso en que mataría por que fueses tú el que hubiese muerto y no él, te odio, no es que esté enfadada contigo, es que te odio con cada poro de mi piel, no hay, ni quiero que vuelva a haber, rastro de la amistad que hemos compartido, te culpo a ti porque tú eres el culpable, te mataría con mis propias manos ahora mismo si eso sirviese para que él volviese a la vida, te odio, te odio, incluso mirarte me duele más de lo que puedo soportar.

No había más que decir, hay golpes tan brutales que ni la más sincera amistad puede aguantar.

 Basado en el 8x16 de Anatomía de Grey.

domingo, 13 de mayo de 2012

Cuando suba la Marea.

Ella era la chica del secadero, la que cuando reía se hacía de día sin amanecer. La que le había querido a dentelladas, y ya no tenía nada que desatar, la que le quitaba el precio a su soledad. La que se lo hacía despacito, la que tenía la cama hecha donde no había ventanas, donde las miradas tenían ganas, donde llevaba al olvido a soltar la melena, ella era piedra pero daba igual porque él era pedregoso camino, la que le miraba de reojo cuando creía que él no la miraba, pero como no la iba a mirar si ardía como el rastrojo en cuando él se descuidaba. La que veía los avisperos a colores cuando estaba con él, cuando de puertas pa' fuera se hacía todo añicos. La que seguía vadeando sus Guadalquivires, la que iba al trote mientras sabía que no iba a llegar, la que la vida se le desbordaba del cubo, se le encabritaba y le tiraba el embudo. La que tenía la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos, la que encontraba sentido al seguido del punto del fin. La que se ponía el moño apretao pa' que se jodiera el viento, la que iba desnuda mientras él iba descalzo al son del amor del ronco tambor que tocaba la luna, la que se bañaba en sus ojos para que se jodiera el mar, la que quemaba los tronos donde reinaban dudas. Ella era Manuela, la que cantaba saetas, la que tenía en los ojos girasoles. La que hizo con cuchillos ese hogar, que se otoñaba con hogazas cada vez que la desdicha lo embestía para entrar a revolver, la que cocinaba sus migrañas con los hornos a todo gas. La que tenía el corazón de mimbre, de esos que se doblan antes que partirse, la que tendía su pena al sol en la cuerda de tender desolación, la que cosía te quieros en un papel, la que se asustaba al oír como le retumbaba a él el pecho, mientras él decía: Tranqui, sólo es mi maltrecho corazón, que se encabrita cuando oye tu voz, el muy cabrón. La que fue, era y sería nada, la que tenía colgado un mar de las pestañas, a la que le sobraba todo lo que iba después del yo te quiero y yo también. La que le querría deshecho, la que le querría en la roca viva, en todos los versos que no quisieran sus pupilas, la que le querría libre. La que se quedaría hasta el día en que lloviesen pianos, la que le follaría como si esa noche se fuera a comer las estrellas una a una. A la que no le cabían más pecados en sus manos, la que intentaba cruzar con plomo en los bolsillos. La que se iba con la camisa rota porque se había hecho una bandera con guirnaldas de guijarros, plumas de palomas negras. La que podía comer mierda y acostarse en los portales si a la noche tenía a alguien que la abrazara, la que sólo quería que la quisieran, como tú, como todo el mundo, la que si la herían y él metía el hocico diría que no lo necesita con la sonrisa más bonita. La que se orinaba en ese destino para el que había nacido. La que estaba ebria de luceros, yendo a la deriva. Ella era de la ciudad de los gitanos, quién la vio y no la recuerda, ciudad de dolor y almizcle con las torres de canela. Que era por ella por la que él ya ni se asomaba a la ventana para verlas venir, que se apegaba a ella como el barniz y se le pudría la madera en mil quinientas primaveras sin dormir, que sería por ella que cabían todos sus malos ratos en la caja de zapatos donde guardaba el porvenir. La que andaba igual que un toro sin resuello que enseña la frente, que lleva en cada cicatriz luciérnagas resplandecientes. La que de punta en blanco diría: quiero morirme contigo. La que se cansó de esperar a su sueño despierta, a la que le bastaban cuarenta duros de felicidad. La que le llevaba a coger chatarra de esa que había tirada por sus sueños, con un ojo en la espalda, como los trileros. La que llegaba de su mano, con el pelo como el betún, como un piropo bien tirao. Era la que no tenía sitio, era el pellizco para cuando se olvidara de él, del perro verde. La que nunca siguió al rebaño porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar, la que pudo levantar la voz, aunque la ignorancia fuera sorda. Su nombre se llama MAREA. Ella era la que había sido feliz aquel 11 de mayo viendo como subía la Marea.

'Ya nos veremos, y si no nos vemos será por mi culpa.'

domingo, 6 de mayo de 2012

Que aquí el problema es que no sé vivir sin ti.

Podría pasarme mi vida entera intentando expresar con palabras lo infinito que significas para mí y aún así me faltaría tiempo.

sábado, 5 de mayo de 2012

Too long, too late.

Ese fue el momento en el que se dio cuenta de que eso de su estómago eran mariposas, de que hasta ese instante sólo vivía para verle sonreír, es más, sólo vivía para provocarle mil sonrisas y para probar de su risa. Ese fue el momento en el que todo lo que sospechaba, lo que no se atrevía a reconocer ni siquiera a sí misma, se conviertió en lo más puro y cierto:
Que fue él el que la recompuso. Que fue él el que, de malas maneras, sin pedir perdón y sin dar las gracias por los servicios prestados, echó de su vida a la soledad. Que fue él el que cambió su significado de vivir. Que fue él el que se convirtió en su significante. Que fue él el que hizo de su sótano lúgubre su jardín de primavera. Que fue él el que perdió toda su cordura por ella. Que fue ella la estúpida que se dió cuenta de que estaba enamorada demasiado tarde, que fue ella la estúpida que se dio cuenta de que le quería en el mismo y preciso instante en que le perdía.

martes, 24 de abril de 2012

De los susurros de abril.

Aquel día amaneció como un día cualquiera, no parecía que iba a tener nada de especial, veinticuatro horas más de la misma rutina en la que él estaba atrapado, lo primero que hacía: pensar en ella, lo segundo: todo lo demás. Sin embargo, aquel día no iba a seguir el mismo rumbo que los quinientos días anteriores.

Y es que aquel día ella no había dejado de pensarle, cosa que intentaba no hacer muy a menudo aunque llegaba un punto en que era inevitable, al igual que para ella era inevitable quererle y odiarle a partes iguales (o no tan iguales) y llegaron las lágrimas, la borrachera, la rabia y el desahogo.

Su móvil se iluminó y el mensaje de ella le paró el mundo:
"Sólo espero que llegue el día en el que tengas el valor suficiente para venir aquí, mirarme a los ojos y decirme sinceramente que he significado yo para ti. Esa ignorancia hacia ese hecho es lo único que impide que la herida que me hiciste nunca cierre del todo."

No había más que decir, sólo había más que demostrar. Él no lo pensó dos veces, ya que la decisión iba a ser la misma y darle más vueltas sólo sería perder el tiempo. Fue directo a la estación,  iba cagado de miedo, pero sonreía con sólo pensar que en unas horas estaría a su lado, iba a ser duro recuperar su confianza pero iba a dispuesto a todo por recuperar a la mujer de su vida.


sábado, 14 de abril de 2012

No queremos ser como los demás.

Que nos intente frenar el mundo mientras saltamos al vacío, con los ojos cerrados, con las manos unidas, con el vaivén de nuestra libertad. Con la ropa desgarrada de tantas veces arrancarnosla. Con las alas empezando a crecer, mientras corremos hacia el precipicio de la normalidad, saltando de sus brazos de nuevo al vacío, porque no queremos ser como los demás. Mientras nuestras alas se despliegan, cogiendo altura, soltando lastre. Mientras llegamos al orgasmo, empañando los cristales, gimiendo sin control. Mientras nos comemos el mundo sin salir de tu coche.

lunes, 9 de abril de 2012

Los sitios que más temes.

- ¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? - por fin ella rompe ese silencio incómodo que les estaba devorando a los dos. Pero no con demasiado acierto. Durante esos minutos sin nada que decir él ha tomado una decisión, quizá una de las más duras que ha tomado hasta el momento. Y cuando él responde, la sonrisa torcida mezcla de ilusión y nostalgia de ella desaparece.
- Me arrepiento.
- ¿De qué? - pregunta inocentemente ella, intuyendo la respuesta.
- De haberte conocido.

Ella no necesita más palabras, ella no quiere nada más de él, ni siquiera sabe que hace ahí sentada a su lado esperando sin saber muy bien a qué. Se siente estúpida, más que eso, se siente dolida. Pero ahora, el odio, la decepción y la tristeza hablan por ella. Intenta contestar, decirle algo cruel, dejarle hecho polvo como está ella ahora, pero no puede, el nudo en su garganta no la deja mentir. Le mira, con las lágrimas esperando el disparatazo de salida, él parece inmune a todo su dolor, y ella no aguanta más, se levanta y sale corriendo de ese lugar, y de la vida de él para siempre, sin dejar que él la vea llorar, sin saber jamás que lloraba por una mentira.


Él la quiere, más que eso, la ama, la adora, la necesita. No es su mitad, es su vida entera, o incluso más. Y mientras la ve alejarse, rogando porque no se gire y le vea llorando como un crío débil, susurra:
- Sólo intento protegerte.

¿Protegerla? En el fondo sólo ha sido un idiota cagado de miedo, de miedo a perderla, a perderse. En el fondo es sólo un egoísta porque mientras que ella tendrá una larga e infeliz existencia, él sólo tendrá que aguantar esa infelicidad unas horas, hasta que esa bala que lleva su nombre aterrice en su sien. Podrían haber tenido una corta vida juntos, y hubiesen sido las horas más felices de sus vidas. Ahora ella tendrá que cargar con una tristeza que no podrá soportar.











 

 

lunes, 26 de marzo de 2012

I keep dreaming you'll be with me and you'll never go.

, mi alegría de lunes. Mi llegar, verte y sonreír. Mis ganas de madrugar. Tú que me miras y sonríes. Yo que me giro y te pillo. El timbre que suena, por fin, te acercas y me besas, yo que te susurro un "te he echado de menos" aunque sólo hayan pasado 12 horas desde nuestro último beso. Tú que me envuelves entre tus brazos. Yo que te enredo entre mis piernas. El timbre que suena, yo que dejo de soñar despierta, dejo de mirarte. Tú que, por fin, te acercas a mí y empiezas a hablarme, nervioso, usando la primera excusa que se te ha ocurrido. Yo que me pellizco disimuladamente para comprobar que esta vez es real. Yo, que ahora estoy en tu cama, viéndote dormir mientras recuerdo como fue nuestro primer momento juntos. Tú, que abres los ojos, me ves a tu lado y sólo puedes sonreír. Yo que por fin puedo decir que sí, que soy feliz. Nosotros que hemos perdido la cuenta de tantos momentos y no queremos encontrarla.


sábado, 24 de marzo de 2012

La relatividad del tiempo

Un minuto de una clase aburrida es interminable, y más si es el último minuto.
Un encontronazo en el metro con un viejo amigo de tan sólo un minuto será como un segundo.
Una hora en un concierto parece un minuto, y una hora haciendo cola para ese concierto parece el doble.
Un día entero con tu mejor amigo será el día más corto de tu vida, un día entero con alguien que apenas conoces será el día más largo.
Un año bueno valdrá más que cinco años malos.
Una vida en soledad se me haría eterna pero una enternidad contigo sería mi existencia más efímera.

El tiempo es relavito, y mi tiempo lo que es es tuyo

martes, 6 de marzo de 2012

23 LS.

Nathan, desde el momento en que oí esas palabras: "hemos encontrado un cuerpo", se me cayó el alma a los pies. No podía moverme. No podía pensar. Y ahora que he realizado el último movimiento, todo lo que puedo pensar es en ese momento que tú y yo compartimos hace años. Una y otra vez, el mismo insignificante momento se repite en mi cabeza. No puedo decirte por qué. Era tu cumpleaños, tu primer año jugando para Maryland, Jamie debía tener dos años. Tú dijiste que no querías hacer nada, pero insistí en que al menos comieras tu helado favorito. ¿Lo recuerdas? Cuando traje el de menta con pepitas de chocolate y tú me preguntaste por qué yo pensaba que era tu favorito, estaba muy confudida. Siempre que habíamos comido helado juntos, era el que tú siempre elegías. Pero me dijiste que el Rocky Road era tu favorito. Y me miraste tiernamente, Nathan, y dijiste que siempre elegías el de menta con pepitas de chocolate porque sabías que era mi sabor favorito. Y fue cuando me di cuenta por primera vez de que nunca habías tomado ninguna de tus decisiones por ti. Todo lo estabas haciendo por mí, por tu familia. Y me di cuenta de que todavía tenemos mucho que aprender el uno del otro. Y desde entonces, Nathan, me he dado cuenta del hombre maravillosamente altruista, humilde y fuerte que eres. Nathan, no puedo escuchar que jamás vas a volver a casa de nuevo, que nunca más aprenderé algo nuevo sobre ti, no volver a experimentar tu altruismo, tu amor, tu cálido tacto otra vez. Nathan... por favor... ¿De verdad hemos tenido nuestra última conversación? ¿Nuestro último beso? No sé que haría si... por favor... Gracias a Dios que no era él.

sábado, 3 de marzo de 2012

One step up.

- Queda poco. - afirma ella, mirando al horizonte del océano en aquella azotea que tantos buenos y malos recuerdos le trae.
- ¿Poco para qué? - pregunta él, confuso.
- Para el siguiente obstáculo, ese que nos acabará matando.

Ella sigue con la mirada fija y el semblante serio, mientras que él sigue sin entender nada de lo que dice, empezando a impacientarse.

- Lo siento pero no te sigo.
- No lo sientas.
- Si viene otro obstáculo, como tú dices, lo saltaremos como siempre.

Ella se ríe al escucharle, pero es una sonrisa torcida que sólo quiere decir que piensa que él es un ingenuo.

- ¿Saltarlo? No hemos saltado un puto obstáculo en nuestra jodida vida. - era algo típico en ella, cuando se sentía sola en el mundo y se irritaba por ello sólo sabía soltar mierda por aquella boca que él no podía dejar de mirar. Pero entre tanta mierda se escondía algo coherente.
- ¿Y entonces como se supone que hemos llegado hasta aquí?
- Derribando obstáculos, atravesándolos, pasando a través de ellos, luchando contra ellos y venciendo, pero nosotros no somos invencibles. Nos hacíamos más fuerte en el instante siguiente, pero todo era pura adrenalina, esa fortaleza pasa y al final lo que queda es que nos vamos debilitando poco a poco con cada obstáculo, el dolor pesa y me atraviesa. ¿A ti no? ¿No presientes que el siguiente obstáculo que intentemos derribar nos derribará a nosotros antes, nos tumbará y nos matará, nos separará y acabará con nosotros para siempre? - lágrimas empiezan a rodar por sus mejillas mientras mantiene la mirada fija en el horizonte.
- Entonces dejaremos de derribarlos y empezaremos a saltarlos. - asegura él con firmeza, mientra la abraza, y gira también su mirada hacia el atardecer.


lunes, 20 de febrero de 2012

Lake of fire.

Amanece con prisas, como cada lunes, sin tiempo para pararme a pensar en qué día es, con una ilusión puesta en este día que al final se convierte en frustración, pero mientras tanto yo voy en el metro ajena a toda enganchada al móvil (por desgracia), y es entonces cuando un tweet me hace revovinar, recapacitar, es tu cumpleaños, bueno, si estuvieras aquí hoy sería tu cumpleaños, casi inconscientemente me olvidó del móvil y agarro mi mp4, abro esa carpeta titulada 'Nirvana' (titulada así por motivo doble) y te dedico mi personal minuto de silencio, sólo roto por tu voz, que se convierte en una hora hasta que llego a mi parada y tengo que volver al mundo real. No vuelvo a pensar en ti en todo el día, durante las siguientes horas sonrío, río a carcajadas, me enfadó, me frustó, me cambian los planes, me hartan, me joden el día, y vuelvo a casa, y en el trayecto vuelvo a pensar en ti y sólo hay una cosa que me apetece hacer para no seguir amargándome este lunes, llegar a mi habitación, elegir el disco de tu grupo que más me llena y subir el volumen al máximo. Aunque mi disco favorito no es el que suenan las guitarras más duras ni el estilo más grunge ni tu voz más desgarrada, mi disco favorito es el tranquilo Unplugged in New York, ese en el que tu voz predomina y domina todo lo demás. Y es ahí cuando cojo el teclado y, poco, muy poco inspirada, comienzo a dedicarte esta entrada, y es que hoy no me sale escribir cosas bonitas quizá esto tenga algo que ver quizá sólo sea un día menos bueno que el resto, quizá sólo sea tu voz bloqueando mi inspiración, con todo sólo tengo que decir: Felices eternos 27, Kurt, porque así te recordaré siempre, con tu pinta andrajosa, tus hipnóticos ojos azules, tu lacio, despeinado y medio largo-medio corto pelo rubio, con tu cara de infeliz y un amargo corazón de 27 años. Gracias por ayudarme a moldear mi vida, por ayudarme a dirigirla y dirigirme no sé si en el camino correcto pero si en el que quiero, tú formas parte de todo eso, al igual que en millones de personas más, gracias por ser una de las razones por las que me gustaría ser 20 años más vieja. Gracias por darme felicidad cuando me faltó. Marcaste mi vida de algún modo y gracias por eso también, sigues y seguirás ardiendo con fuerza.

domingo, 19 de febrero de 2012

Siento, luego existo.

Ella grita desde la azotea mientras el resto de la ciudad duerme, pero a ella le da igual, necesita desahogarse, necesita respirar, necesita asfixiarse, necesita atrapar todo el aire posible en sus pulmones y retenerlo ahí hasta el último momento, hasta el instante en el que siente que está a punto de desmayarse, que el riego no le llega al cerebro, hasta el instante en que está a punto de morir, entonces suelta todo el aire en un intenso grito que hace que los pájaros huyan despavoridos de los cables de luz, y una vez y otra y otra, hasta que siente que ya no le queda voz, ni aire, ni pulmones, hasta que se siente un poco mejor. Pero ese alivio dura un instante, el instante que tarda en volver a su casa, ahí es cuando vuelve la soledad, esa amiga silenciosa que le hace romper con todo a su alrededor, ya ni gritar le sirve, ella solo quiere huir de su Parca personal, esa que le sigue allá donde va, que nunca le abandona, que parece que su único objetivo es acabar con ella y con su salud mental. Está volviéndose loca y en el fondo, muy en el fondo, sabe que la raíz de todo lo que le está pasando está plantanda en su interior, pero es algo que ya no puedo controlar, la ha superado y ha salido al exterior, y ahora tiene vida propia, y vive por y para atormentarla, y ella no quiere reconocer que vive martirizada por su propio pensamiento, ni reconoce ni quiere ayuda de nadie, pero, al fin y al cabo, ya no queda nadie que le tienda su mano. Así que ya sólo le queda una salida, correr. Corre y corre y siente que nadie la puede parar, las calles de su ciudad ya no tienen secretos para ella así que las pisa con firmeza e incluso desprecio. Corre y corre y cuando la ciudad amanezca ella se habrá ido para no volver.

domingo, 12 de febrero de 2012

Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres.

El invierno en esa ciudad era una tortura, sobre todo para él que ya no tenía quien le diera calor durante sus largas noches. Estaba solo allí, con el corazón destrozado había hecho sus maletas decidiendo cambiar de ciudad y de vida. Él no sabía, o más bien no quería reconocer, por qué se había mudado a ese lugar tan lleno de gente, con tanto gris y con tanta rutina de lunes, pero un magnetismo irrefrenable tiró de él hasta allí. En realidad sabía perfectamente por qué estaba ahí: porque ella estaba ahí. Ella. Ella no es quien estáis pensando. No es quien le rompió el corazón, aunque de algún modo sí fue así. Ella fue la razón por la que él rompió el corazón a otra mujer, que no se lo merecía pero que mucho menos se merecía seguir con un hombre que pensaba en otra cada vez que le hacía el amor, aunque jamás hubiese besado a esa otra, ni siquiera tocado, y apenas visto, pero era ELLA, él lo supo desde el primer momento, bueno, en verdad, desde el primer momento lo supo ella, él tardó un poco más, bastante más, y cuando se quiso dar cuenta ya era tarde y estaba inmerso en una historia que no sabía como iba a acabar. Pero había logrado escapar de todo eso, y ahora estaba allí, observando aquella extraña ciudad desde el alféizar de su ventana. Y ella estaba ahí fuera, en algún lugar. No tenía ninguna intención de buscarla desesperado por toda la ciudad, tenía la firme certeza de que era ELLA y por lo tanto, ella tenía que llegar a él aparentemente por casualidad, realmente por destino, él la esperaría y si no llegaba nunca no significaría que no era ELLA sino que ella no había llegado a comprender o a querer admitir que él era ÉL.

Lo que estaba haciendo era una locura, llevaba casi dos años sin hablar con ella, sin escuchar su voz, sin oír su contagiosa risa, y ya hacía como cinco años que no se bañaba en sus ojos, ni contemplaba su sonrisa llena de vida. Pero ahí estaba él, echando el resto, dispuesto a dejar de vivir porque ya la había encontrado, y si no era ella no sería ninguna. Ni siquiera sabía si estaba en la ciudad correcta, ella había crecido y a lo mejor había echado el vuelo hacia otro lugar como tantas veces soñó, como tantas veces soñaron juntos. ¿Dónde había quedado aquella isla desierta en la que sólo existían ellos dos? Pero algo en su interior le decía que ella no abandonaría tan fácilmente la ciudad que tanto amaba, o al menos no del todo. Tenía esperanzas de sobra puestas en su plan, para él nada podía fallar.

Y así pasaron los días, las semanas, los meses y casi los años. Y resultó ser que aquel hombre no estaba tan desencaminado. Todo ocurrió un mes de octubre, su mes favorito. ¿Y dónde iba a estar ella en su mes favorito si no era en su ciudad favorita? Él no recordó que día era hasta que la vio, paralizado como estaba no podía dejar de mirarla, y ahí estaba él en medio de la cafetería con su mirada fija en ella o, más bien, en el libro en el que ella estaba sumergida, mientras un café humeante descansaba a su lado. Largo de leche y doble de azúcar. Pensó él, que todavía recordaba esas pequeñas cosas de ella. Cuando por fin, recuperó el control de su cuerpo no supo que hacer y, como un idiota, salió pitando de allí. Pero su estupidez no duró mucho tiempo, dos pasos más y dos dedos se plantaron en su frente, su conciencia había vuelto con él y le dijo: Vuelve ahí dentro y amala más de lo que ha amado nadie en su vida. Y él, no necesitó escucharlo dos veces, volvió a aquella cafetería y ahí seguía ella, exactamente como la había dejado aunque con unas cuantas páginas más leídas y un café que humeaba bastante menos aunque seguía igual de lleno. Se acercó a su mesa, se aclaró la garganta y ella siguió sin inmutarse. Él le giró la cara, y ella, asustada le tiró el café encima sin querer, o queriendo inconscientemente, pero cuando sus miradas se cruzaron ella se quedó perpleja, petrificada, sin poder creer que fuese él, que de verdad le tuviese delante, después de tantos años y de tan pocos adioses. Él no se esperaba lo que sucedió a continuación, cuando ella le pegó una bofetada con todo el odio del mundo y con su mala leche característica, y salió corriendo de allí, él tenía muy claro que no la iba a volver dejar escapar, así que salió corriendo tras ella. No tuvo que correr mucho, en el mismo lugar en el que su conciencia había vuelto a él, su amor por él había vuelto a ella. Se paró en seco, confundida, tenía que aclarar las cosas con él, tenía que saber en que punto estaba su vida y él tenía que saber en que punto estaba la vida de ella. Aunque eso era más secundario, él la seguiría al fin del mundo sólo para que fuera feliz. Él esperaba, aparantemente paciente, a que ella decidiera algo, a que diera el primer paso, o a que dijera la primera palabra, y así sucedió:

- ¿Qué haces aquí? - Su voz fría como hielo le heló la sangre a él, que por primera vez dudó.

Dudó de lo que ella sentía por él. Se dió cuenta de que durante todo ese tiempo había sido un egoísta, tenía muy claro que él la quería y siempre dio por hecho que ella a él también, pero ¿en serio iba a seguir queriéndole después todo el daño que le había hecho durante esos años? No se lo merecía, ¿cómo podía haber sido tan ingenuo? Más confundido que nunca y deseando que esa incertidumbre acabará cuanto antes decidió ir al grano:

- Eres tú.

- Bravo, veo que tu inteligencia no conoce límites. ¿Qué pasa que tú no eres tú? ¿O es que ya no eres aquel cabrón, idiota e insensible que un día me dijo que me amaba y al siguiente había huido con otra? - eso no era del todo cierto pero ella seguía dolida y sus palabras destilaban su dolor.

- No, no me has entendido. Quiero decir que, ¡eres ! ¡En mayúscula, negrita, subrayada y cursiva! ¡Entre signos de exclamación, si quieres! ¡ERES TÚ, JODER! ¡Con palabrotas de por medio para que le den más veracidad, para que te enteres de una vez por todas de que estoy en esta ciudad por ti, que vine a buscarte, a encontrarte, a decirte que eres , y que no hay ninguna otra, que nunca debería haberla habido, que dejarte ir sin hacer nada fue el error más grande de mi vida, que no hay día en el que no me arrepienta de haber sido tan estúpido y de no haberme dado cuenta de lo que sentía por ti, de lo que me hiciste sentir desde la primera vez que hablamos, desde la primera vez que tu voz me erizó la piel y una parte de mi corazón a la que no quise escuchar me dijo: ¡ES ELLA! - Poco a poco se habían ido acercando, y mientras soltaba todo aquello que había guardado bajo llave en su interior durante tanto tiempo, le agarró de las muñecas, para asegurarse de que no se iba, porque tenía miedo, estaba cagado de miedo, y le apretaba con fuerza, tan fuerte que le estaba haciendo daño sin darse cuenta, pero ella tampoco se daba cuenta. Y él tenía que terminar su jugada, tenía que decirlo, lo que tantas veces le costó decir, aquello que sólo le había dicho a ella en todo su vida, aquello que sólo ella se merecía. - ¡QUE TE QUIER - Pero no pudo decirlo, los labios de ella habían taponado sus palabras.

Ella no necesitaba nada más, a fin de cuentas sabía que era ÉL desde hacía años, y ahora él también lo sabía. ¿Qué más podía pedir?

Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.

jueves, 9 de febrero de 2012

Feliz cumpleaños, Sullivan.

Dió la última calada al cigarrillo que desde hace un rato se consumía entre sus dedos, mientras él tenía la vista perdida en el ir y venir de las olas del mar. ¿Por qué coño tarda tanto? Pensó mientras se miraba el reloj, impaciente y un poco cabreado se dispuso a fumarse otro cigarro, pero al sacar la cajetilla de Marlboro en ella sólo quedaba el mechero. Más cabreado aún tiró la cajetilla al suelo con desprecio, la tercera cajetilla del día. Mientras esperaba, se quedó mirando el mechero, era uno de esos que vendían en el merchandising, con el logo y el nombre del grupo, repasó el nombre con sus dedos mientras recordaba. Hasta que la bocina de un coche le sacó de su ensimismamiento, se giró mientras su amigo le gritaba:

- ¡Ey, Brian! Sentimos la tardanza pero Zack no encontraba "algo" en su casa. ¡Vamos, monta!

Sin saber muy bien a que se refería Matt, Brian subió al coche, con su cara larga un poco menos larga ahora que estaba con ellos. No sabía a donde iban, quizá a alguna reunión para redondear la gira o a casa de alguno para pasar aquella noche juntos simplemente, Brian no se había preocupado por saberlo, aquel día no había querido saber nada de nadie pero a ellos no les podía fallar, ese día no, ni cualquier otro tampoco. Sin embargo, algo en su interior sangró cuando llegaron a su destino, estaban frente al primer local de ensayo que tuvo la banda. En una calle cualquiera para el resto de Huntington Beach, pero en el rincón favorito de Jimmy en todo el mundo. Ese local significaba mucho para cada uno de ellos, para los cinco, los eternos cinco, pero sobre todo pero el más eterno, aquel sitio había servido de refugio y de hogar para James mucho más que cualquier otro lugar, ahí era donde iba cuando el frío de las calles se volvía insoportable, y cuando el retumbar de sus malos pensamientos no paraban de acecharle. Tanto cariño le cogieron a ese lugar que en cuanto el grupo empezó a dar más beneficios de los esperados lo primero que hicieron fue comprar ese lugar, que por otro lado no era más que un cuchitril cutre que costaba cuatro perras.

Ninguno decía nada pero sobraban las palabras, después de tantos años y tantas cosas compartidas, tanto buenas como malas, ese silencio era como un 'para siempre' para ellos. Cuando entraron, después de un año y pico sin pasar por allí, lo primero que sintieron fue una bofetada de dolor y de buenos recuerdos. Su batería descansaba allí encogida y asustada al lado de la pared. A pesar de todo, el sitio seguía tan cálido como en sus mejores tiempos, al parecer aquel chico seguía viviendo por allí aunque fuese en espíritu, quizás hasta tocaba su batería sin que nadie le viese.

Después de un rato allí, observando todo de nuevo, compartiendo recuerdos entre ellos, olvidando un poco el dolor y riendo con fuerza a pesar de todo, habían sido días felices así que recordarlos también les hacía felices en cierta manera, después de todo eso Matt salió de allí y cuando volvió a entrar Brian se quedó atónito, en sus brazos traía sus primeras guitarras en condiciones, las reconoció enseguida por la personalidad de sus fundas y preguntó sonriendo:

- ¿Esto era ese 'algo' que no encontrabas en casa, Zacky? - Éste asintió. - No me extraña, hace como siglos que no tocamos con esto.

- Bueno, nunca es tarde para eso. - dijo Johnny.

No hizo falta decir nada más, cada uno cogió su instrumento, admirándolo y mimandolo, y después de un  buen rato afinándolos, los primeros acordes de Shattered by Broken Dreams empezaron a inundar el local. Pasaron allí horas y horas, hasta que finalizaron su concierto particular con So far away, era su personal felicitación para el hombre que les había dado todo y les había cambiado la vida de un modo distinto a cada uno de ellos, y lo seguía haciendo allí donde estuviese allá arriba, pero esa noche los cuatro sabían que había bajado del cielo para soplar las velas, y estaba ahí entre ellos aporreando con fuerza su batería, podían sentirlo, y era algo que sólo ellos cuatro podían sentir.

Al salir de allí, Brian dejó olvidado, o no tan olvidado, su mechero, a fin de cuentas aquel era el lugar al que pertenecía, entre esas cuatro paredes seguía viviendo su legítimo dueño.

- Feliz cumpleaños, Sullivan. - susurró Brian al salir.


miércoles, 8 de febrero de 2012

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- ¿Y si estoy tan hundida, por qué parece que hay algo en mi interior que no me permite llorar?

- Porque ahogaste a todas tus lágrimas al fingir tantas sonrisas.

martes, 31 de enero de 2012

Volvamos a empezar.

Volvemos a lo de siempre, a los futuros que ya son pasados, a volver a reducir la marcha. A parar, rebobinar y no querer darle al play. Volvemos a ser tú y yo, sin ningún nosotros. Volvemos al ceño fruncido, al esquive de miradas, a la desaparición de sonrisas, al ruido lastimero de las quejas de nuestros corazones pidiendo calma, porque están hartos, hartos de que juguemos con ellos como nos viene en gana, y se enfadan y duelen y se rompen a su antojo, porque quieren escapar de nosotros, quieren irse juntos y escapar de nuestras mentes que son las que los aprisionan y los impiden pisar con firmeza a cada paso, ellos quieren latir con fuerza, bombear más sangre de la que deberían cuando estamos cerca el uno del otro, observar expectantes nuestro 'hola' en forma de beso, al igual que nuestros mil 'adioses' y todo lo que haya entre el primero y los segundos. Pero somos idiotas, cabezotas y egoístas, pero sobre todo estamos cagados de miedo, por eso no avanzamos. Y no sé tú, pero yo estoy cansada de ir siempre para atrás, pienso ir hacia delante contigo o sin ti, con corazón o sin él, con co(razones) o sin ellas.
Y volvemos a empezar.

lunes, 30 de enero de 2012

El pasado no es más que un lastre.

Te voy a contar un secreto, este por tu propio bien. Puedes pensar que el pasado tiene algo que decirte. Puedes pensar que deberías escuchar, esforzarte por distinguir susurros, que deberías hacer lo imposible, inclinarte para escuchar la voz que murmura desde el suelo, desde los lugares muertos.

Puede que pienses que ahí vas a encontrar algo, algo que comprender o a lo que encontrar un sentido.

Pero yo sé la verdad. La conozco de las noches de frialdad. Sé que el pasado va a tirar de ti hacia abajo y hacia atrás, que te va a engañar con el susurro del viento y los gemidos de los árboles, que te va a impulsar a descifrar lo que no entiendes, a recomponer lo que estaba roto. No hay esperanza. El pasado no es más que un lastre. Se instala en tu interior como una piedra.

Hazme caso. Si oyes que el pasado te habla, si sientes que tira de tu espalda y que te pasa los dedos por la columna, lo mejor que puedes hacer, lo único, es correr.

- Delirium, Lauren Oliver.