ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Nos conocemos demasiado, nos peleamos demasiado 
y nos queremos, pero de eso nunca es ni será demasiado, solamente infinito.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Verbo amar, pluscuamperfecto amplificado.

Ella era rara, él era raro, y de dos personas raras que se topan por casualidad en este ir y venir de gente sólo se puede esperar que acaben siendo el uno para el otro, aunque ellos, como buenos raros que son, no se den cuenta de nada de esto y se dejen escapar el uno al otro.
Ella era de esas personas que si necesitaban ayuda iban a buscar exacta y únicamente a una persona a la que pedírsela, una y no más, era de las que no querían grandes pretensiones, de las que no hablaban de sus cosas con cualquiera, de las que les cuesta confiar pero de las que una vez te ganas esa confianza nunca más la pierdes, por mucho daño que le hagas, era rara. Él era un extremo medio opuesto, era de los que nunca jamás en la vida te iban a pedir ayuda, nunca te hablaría de sus sentimientos abiertamente, ni cerradamente, nunca, nunca y nunca te dajaría ver por propia voluntad lo hecho polvo que estaba, todo esto derivaba de la infinita cantidad de golpes que la vida le había dado.
A ella le desquiciaba mucho esa situación, sentía que le daba todo y él no le daba nada, pero por alguna extraña razón, por una extraña atracción, no podía ni quería dejar de confiar en él. Tanto confío que llegó el punto en que parecía que él la conocía mejor que ella misma. Lo curioso es que la que confíó fue ella, pero ella era la que, en realidad, le conocía a él mejor que él a sí mismo. Y por eso mismo, ella sabía que él la necesitaba tanto o más que respirar, ella era su oxígeno, su vida. Él era su paz con el mundo, su tranquilidad, su belleza del momento. Sobraban las palabras, aunque ella se empeñaba en usarlas y eso a él le gustaba, le volvía loco. Nunca lo decía, pero lo demostraba, demostraba que la necesitaba en su vida para todo, en todo momento, de alguna extraña manera lo demostraba aunque nunca lo decía. Y como nunca lo decía él la perdió. Y es que ella era rara y no quería hechos sino palabras.


lunes, 21 de noviembre de 2011

Ya te has cansado, y yo también, de tanto perder, ahora abrázame.

Y sí, te tengo a mi lado, te siento cerca, mucho más cerca que antes pero te sigo echando de menos, incluso más que antes. Me arrepiento de que hayamos perdido todo este tiempo, y me paro a leer cosas que te escribí sólo para mí, y no te veo reflejado en esas palabras, sigo sin entender como todo eso pudo salir algún día de mi puño y letra, pero ahí está, la prueba irrefutable de los daños que me causaste, la prueba que me ayuda a no olvidar del todo, a no olvidarme de todo, a no olvidarlo todo y lanzarme a tus brazos otra vez, y lanzarme al vacío una vez más de tu mano, la prueba de que puedes soltar esa mano en cualquier momento y dejarme caer, y dejarme sola, y abandonarme a mi suerte sin mostrar un ápice de tus sentimientos. La prueba de que no debo cegarme por lo que eres para mí, la prueba de que no tengo que volver a idealizarte. Pero no puedo, cada vez que leo todo eso me duele, me duele ver que llegamos al punto en el que mis palabras hacia ti pudieron ser tan crueles, pudieron destilar tanto odio. ¿Y qué ha cambiado? Dos palabras y arreglado, y nada es distinto pero sin embargo yo lo veo todo diferente. Te siento a mi lado, te siento cerca, te sigo echando de menos pero nunca más quiero volver a sentirte a años luz de mí. Eres o fuiste el centro de algo, de algo importante en mi vida, el centro al que siempre vuelvo. ¿Qué coño tienes que me hace permanecer a tu lado pase lo que pase? Me has hecho sangrar por dentro como nadie y sigo aquí, viva gracias a ti. Y la única pregunta que me hago es: ¿Qué coño tengo yo para que me quieras o me hayas querido tanto, tan fuerte, durante tanto tiempo y con tanta intensidad? ¿Qué coño tengo yo para que todavía pienses en mí? ¿Qué coño tengo yo para que no me eches de tu vida? ¿Qué coño tengo yo para que me sigas echando de menos?

Me hiciste tan importante...

martes, 15 de noviembre de 2011

Untitled.

Era esa chica a la que todo el mundo recurría... sólo cuando no tenían a nadie más. Cuando esa gente recuperaba lo que perdía a ella siempre la olvidaban. Así una y otra vez, y otra y otras mil. Ella lo sabía, y no era feliz pero siempre sonreía.


sábado, 12 de noviembre de 2011

Still loving you.

- Quizá al final todo el mundo tenía razón y eramos nosotros los equivocados, estábamos destinados a compartir nuestro futuro. Era algo que desde dentro no veíamos o no queríamos ver. Nunca he querido o he sabido reconocer lo que supe en el momento que te vi por primera vez, que te amaría hasta el final de mis días.


- Y yo siempre he sabido que nuestra relación estaba y está condenada al fracaso, destinada a preguntarnos '¿cómo habría sido?'...

Esa fue mi última conversación con ella, nunca llegamos a encontrar la respuesta a esa pregunta, ahora ella no está, hace mucho tiempo que se fue, y a mí casi sin darme cuenta se me ha pasado la vida. La perdí, y sólo ahora he llegado a entender que tendría que haberme aferrado a ella a pesar de todo.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Donde duele inspira.

Esa misma chica que siempre sonreía está ahora en el borde, llorando desconsalada, casi nadie la mira y quien la mira no la ve. Simplemente es parte del atrezo de esta vida, una de esas almas perdidas, destinadas a fracasar en cada cosa que intentan, destinadas a no hacer nada más que vagar como tristes entes que hacen que las vidas de los demás parezcan más felices, más fáciles, mejores.
Esa chica es joven, tiene sólo veinte otoños, lo que a ella le parece una eternidad marchita, es demasiado joven para ser consciente del objetivo de su existencia, pero lo es, se ha dado cuenta y ha tomado una decisión: va a dar el salto de su vida... y de su muerte. Sólo tiene que coger impulso y saltar desde esa azotea, el negro asfalto parara la caída, su corazón y su vida.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Allí donde solíamos gritar.

Recuerdo nuestras tardes, nuestras noches, nuestros días. Recuerdo que cualquier excusa valía para llamarnos tras separarnos después de doce horas juntos. Recuerdo esas conversaciones por teléfono en las que no decíamos nada pero que nunca queríamos terminar. Recuerdo que cualquier sitio valía, cualquier sitio en el que estuviésemos tú y yo. Recuerdo los atardeceres y los amaneceres. Recuerdo nuestros pequeños detalles que traían la más grande felicidad. Recuerdo como hacías fluir mis carcajadas, y mis tímidas sonrisas. Recuerdo nuestros lugares preferidos de la ciudad, allí donde solíamos gritar. Recuerdo nuestros infinitos planes sensatos que nunca llevábamos a cabo, y nuestras infinitas locuras espóntaneas que siempre llevábamos a cabo. Recuerdo tu forma de tomarme el pelo y recuerdo mi ingenuidad. Recuerdo nuestros escondites del mundo. Recuerdo nuestros silencios, nuestro caminar el uno al lado del otro sin decir palabra, recuerdo que era un momento perfecto. Recuerdo nuestros no callarnos nunca, nuestra efusividad cuando teníamos mil cosas que contarnos. Recuerdo que nadie nos entendía. Recuerdo nuestras idas y venidas. Recuerdo tus manías, mis caras largas, tus rayadas, mis enfados. Recuerdo tus mil lo siento y mis novecientos noventa y nueve te perdono.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Lo que te hace grande.

Él juró poner a su nombre la gravedad
Ella era lo único por lo que seguía con los pies en la tierra,
y a la vez lo único que le hacía volar.