ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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jueves, 17 de febrero de 2011

Son sueños, que son de verdad...

Locura. Locura adolescente. Esas chicas la estaban sufriendo, más bien, disfrutándola. Pero una destaca de las demás, no paraba quieta ni un momento, corría, bailaba, abrazaba a sus amigas, mientras paseaban tranquilamente por La Rambla de Barcelona. Su nombre era Laura, y su felicidad contagiosa. Algo tenían en común ese puñado de juventud, todas sonreían, todas eran felices de verdad por poder compartir esos momentos, eran la mezcla perfecta para dar una felicidad infinita, y Laura lo demostraba sin ningún pudor, sin ninguna vergüenza. -Qué más da chicas, si esta gente no nos va a volver a ver en la vida- Esa era su excusa preferida. La suya y la de sus amigas, que eran, en ocasiones como ésta, tan parecidas entre ellas...
Iba tan ensimismada en su vida que Laura no se fijo en el hombre que pasó por su lado, hasta que éste le dijo:

- Sos re linda... - Y siguió su camino en la dirección contraria, con sus prisas y su paso acelerado.

- Sos un boludo - gritó Laura, con un penoso acento argentino. Sin embargo, se quedo prendada de ese hombre, su voz, su cara, escondida tras unas gafas de sol y una gorra, su estatura y que era argentino le hizo sospechar algo indudablemente increíble, pero que decidió compartir con sus amigas. - ¡Chicas! ¡Chicaaas! ¡Oh Dios mío! ¡Que ese era Messi!

- Laura, a ti te habla un argentino cualquiera y ya te pierdes en tu obsesión por Messi - dijo Elena, mientras le daba a entender por gestos que estaba loca.

- Puede ser - contestó Laura, igualmente salió corriendo en busca de aquel chico. - ¡De todas maneras, voy a comprobarlo!

Cuando le alcanzó, él se dió la vuelta, sonriendo al verla. Laura con toda la confianza del mundo dijo: ¡Leo! ¿Eres tú?

Como toda contestación, él se quitó las gafas. Era él. Laura estaba flipando. Mientras Leo escribía algo en un papel y se lo entregaba:

- Cuando reacciones, llámame, ahora tengo prisa. ¡Nos vemos! - le dio un dulce beso en la mejilla y se fue. Laura se quedo ahí pasmada, sin poder creérselo.

Al rato, volvió a donde estaban sus amigas:

- ¿A que no era él? - dijo una de ellas.

Laura decidió guardarse ese momento para ella, al menos por un tiempo.

- No, que va. Jajaja, ¿Cómo iba a ser él? Pero, de todas maneras era un chico interesante, creo que vamos a quedar esta noche - contestó Laura, todavía flotando en una nube...

sábado, 12 de febrero de 2011

Cuatro palabras me hicieron falta para darme cuenta de lo mucho que te echo de menos...

Fueron sólo cuatro, cuatro palabras las que cruzaron en ese encontronazo. Fueron cuatro, cuatro los meses que llevaban sin saber nada el uno del otro. Fueron cuatro, cuatro eran los años que hacía que se conocían. Fueron cuatro, cuatro los días que tardaron en darse su primer beso. Fueron cuatro, cuatro las semanas que tardaron en hacer el amor. Pero fue uno, sólo uno, el único momento en el que todo se fue a la mierda.

Hacía cuatro meses que no se veían, y lo único que quedó: dos besos fríos como saludo, un “¿Qué tal?” Sin querer saber en verdad la respuesta, y una despedida, con un “Adiós” en lugar de un “Hasta pronto”.

Ella se alejó pensando que nada quedaba de la complicidad que compartieron desde la primera vez que se vieron, parecía tan lejana. Ni siquiera los gustos eran ya los mismos, esos gustos musicales que tanto les habían unido. Esos gustos que habían usado como su banda sonora. Él llevaba un disco de Melendi, ese que siempre habían criticado tanto. Bueno, quizás porque le dolía demasiado seguir escuchando aquellas canciones, impregnadas de recuerdos para ellos. Aunque sabía la verdad, él estaba con otra, malditas redes sociales que te hacen descubrir aquello que nunca querrías ver o saber, quizás era esa zorra la que le estaba cambiando, la que le estaba haciendo ser quien no es. Las primeras lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas, mientras se daba cuenta de algo: “No te intentes engañar, la única a la que puedes llamar zorra aquí es a ti misma.” Al fin y al cabo, era ella quien se había despertado un día, y con una simple nota le había abandonado. Para encontrar su verdadero rumbo le dijo, que estaba ahogada le dijo, que no quería atarse a algo tan serio siendo tan joven le dijo, que necesitaba vivir le dijo. “Tú eras mi vida…” Ahora ya lloraba desconsoladamente.

Él se alejó pensando que seguía tan preciosa como siempre, que seguía siendo aquella chica excepcional, esas que sólo te cruzas una vez en tu vida, si tienes mucha suerte. Esas que sabes que si las pierdes, estás perdido para siempre. Llevaba con otra chica un par de meses, pero su corazón nunca dejó de querer a otra. La culpabilidad no paraba de acecharle, estaba con alguien que no quería sólo por olvidar a alguien que amaba. Y la verdad es que su actual novia era genial, simpática, buena persona, inteligente y guapa. Pero ella era todo lo anterior y mucho más. Las comparaciones son odiosas dicen. Bajó la mirada a lo que llevaba entre las manos y pensó: “¿Un disco de Melendi? ¿Tú?” Sin más, lo tiró en la primera basura que encontró, lo siguiente que hizo fue ir a cortar con su novia. ¿Después? Sería lógico que fuese a intentar recuperar a aquella chica excepcional. No lo hizo. Ella tampoco fue a encontrarle.

Al menos no ha día de hoy, quizás en este mismo instante esté en mi rellano, preguntándose si llamar a mi puerta o no. Puede que haya hecho eso un millón de veces. Y puede que un día tenga el valor suficiente para hacerlo. Pero no será hoy, aquí estoy escribiendo el final abierto de esta historia en mi portátil. ¿Sabéis lo que escuchó? Todo aquella banda sonora, desde el final hasta el punto de partida. ¿Sabéis cuánto tiempo ha pasado desde aquel encontronazo? Fueron cuatro, cuatro las horas que tardó en volver a convertirse en la musa de todo lo que escribo. Y en este momento sólo os puedo dejar clara una cosa, aquella frase de: No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, es lo más cierto que nadie ha dicho jamás.

Sólo quisiera un minuto en el que no te eche de menos. Uno, uno fue el momento en el que todo se fue a la mierda, pero una, una es la única eternidad que quiero vivir junto a ti...

Adivinad a dónde me voy ahora mismo...Deseadme suerte.

viernes, 11 de febrero de 2011

Ésta soy yo

Puede que sea una chica típica, una de esas a las que les gusta leer, escribir, el cine y hacer cualquier tipo de estupidez sola o con amigos, una de esas apasionadas de la música. Pero de la música, no de esa mierda de "reggaeton", de "tecno" o de "bakala" que escucha ahora todo el mundo y que tienen los cojones y la poca vergüenza de llamar a eso "música". Sin embargo, ese "ruido" puedo soportarlo, pero sólo cuando llevo unas cuantas copas de más, al igual que puedo soportarte a ti.
Ya ves, nada del otro mundo, sin embargo, sé que soy diferente en cada uno de esos aspectos. No me malinterpretes, no tengo aires de grandeza, pero tampoco me siento insignificante.

Normalmente río hasta llorar, pero también suelo llorar hasta reír.

Creo que lo que mejor que se hacer en esta vida es dormir, lo hago fenomenal.

No huelo a nada singular, normalmente a vainilla, otras veces a coco, y otras tantas a fresa. Odio entrar a perfumerías porque me mareo, porque mis fosas nasales no pueden respirar entre tanto aroma mezclado.

Me encanta el sabor agrio del limón, sin embargo no soporto los ambientadores con su olor.

Soy ordenada, sí, ordenada dentro de mi propio e infinito desorden.

Los conciertos en directo me dan la vida, el comienzo de un concierto es una de las mejores sensaciones que he conocido, es algo mágico, sin duda.

No soporto a la gente que finge ser quien no es, no soporto a todas las guarras, cerdas, chupapollas que me he tenido que cruzar en esta vida. Sin embargo, sigo soportando a aquel cabrón mentiroso que me partió el corazón.

Soy sencilla y sincera, aunque a veces puedo ser muy falsa. Me gusta criticar de vez en cuando, es una forma muy simple de descargar mi rabia.

Odio todo lo táctil que se ha creado, no nos llevamos bien, y odio que cada día salga un móvil super guay con miles de aplicaciones que nadie sabe usar, y sin embargo, siga existiendo un tercer mundo en el que muere gente cada hora.

Según dicen, tengo un corazón que no me cabe en el pecho, aunque a veces ese corazón puede ser más cruel de lo que puedes imaginar.

Sinceramente, pienso que la primera canción que escuches por la mañana puede marcarte el día.
Ya ves, no puedo vivir sin música, a todo le busco su propia banda sonora.
Siempre he querido aprender a tocar la guitarra, algún día lo haré, es una de mis promesas de futuro.

Me encantaría saber cocinar algo más que un filete, pero mi madre no tiene tiempo para enseñarme, es algo que tenemos pendiente.

Me aburro de las cosas rápidamente, me cuesta horrores hacer algo si es por obligación.
No soy persona antes de las 12 de la mañana.

Me encanta viajar, a pesar de que lo he hecho poco, tengo unos cuantos sueños por cumplir: Londres, New York, Los Ángeles, (en realidad me encantaría recorrer todo EEUU en plan mochilero), Argentina, Venecia, Amsterdam, París.
A día de hoy sólo puedo hacer una cruz en mi mapa a Roma y a gran parte del sur de Francia.
Y tengo la sensación de que el día que cruce el charco no volveré.

Soy enamoradiza, firme creyente del amor a primera vista, sobre todo si él tiene unas cuantas rastas.

Está soy yo, sin trampa ni cartón, una tímida chica de 19 años con unas ganas locas de vivir...



miércoles, 9 de febrero de 2011

Ni siquiera recuerdo como continuaba la historia.

Llevo unos días abriendo baúles y baúles de recuerdos,
encontrándome cosas como ésta:

Una fría sombra se deslizaba en el umbral de la puerta, justo cuando ella estaba sumida en un profundo sueño, recordando todas las emociones que había vivido aquel día. Él la observaba en silencio, su pelo rizado negro como el azabache, reposado en la almohada, sus parpados cerrados dejaban ver aquellas infinitas pestañas, el movimiento de su pecho acompasado con una profunda respiración, sus brazos y piernas arrullados, encogidos como una pequeña niña inocente, lo cual en John evocaba un instinto protector. De repente algo altero el sueño de Lucía, y él desapareció. Ella despertó sobresaltada, sin saber por qué, se asomo a la ventana, dirigió su mirada a la luna y se quedó perdida en mundos lejanos. Cuando volvió a despertar…

6 MESES ANTES

-¡¡Lucy, Lucy!! Corre, levántate que el timbre sonó hace 10 minutos, otra vez vamos a llegar tarde a clase, y es el primer día, no quiero pasarme toda la tarde castigada, asíque corre!

-Vic... Tranquila…todavía tenemos tiempo... –dijo Lucía, mientras se desperezaba de un sueño profundo..el cual recordaba nítidamente, deseando que fuera real. Tranquilamente se levantó, y a los 2 segundos estaba vestida con el uniforme del colegio Rishood.

-¿Cómo te has vestido tan rápido? - dijo Victoria atónita, mientras buscaba desesperadamente sus medias por toda la habitación.

-Jajaja, Vic deberías ordenar de vez en cuando esto, o deberías echarle un ojo a este libro. –Lucía le lanzó un libro llamado “Hechizos de andar por casa”, en cuya contraportada ponía: “El libro más completo, para hacer tu día a días, más llevadero, llevando este libro en tu mochila no tendrás que preocuparte de nada más, solo de acordarte de coger la mochila”.

A Victoria le encajó de repente todos los movimientos de Lucía, así comprendió como la chica llegaba siempre a tiempo a todos los sitios, y siempre tan perfecta, sin olvidarse de nada, ella llevaba una temporada muy confundida recordando lo descuidada que era Lucía antes e impresionada por como había cambiado. Alguna vez la había preguntando que a qué se debía ese cambio, pero ella nunca le había dado ninguna respuesta ni verdadera ni válida, pero hoy, Lucía estaba de un humor distinto al habitual, seguía sumida en sus ensoñaciones de aquella noche, y llevaba una sonrisa dibujada desde que se había levantado, comparado con lo borde que solía ser. Vic pensó que ese curso todo iba a ser diferente, que Lucía había cambiado, que volvía a ser la de siempre, después de todo lo mal que lo habían pasado el año pasado, todo lo que habían sufrido. Lucía había dado un cambio radical desde que se murieron su madre y su hermano en un misterioso accidente aéreo, no había levantado cabeza desde entonces, se había sumido en una profunda depresión. Su hermanastra Victoria, una chica que había llegado de casualidad a su vida, cuando su padre loco por rehacer su vida y olvidar el dolor se casó con Melissa, una mujer divorciada desde hacía años que cargaba con una hija adolescente, se convirtió, contra todo pronóstico, en su mejor amiga. Las dos hijas se llevaban estupendamente, se hicieron amigas a los dos días de conocerse, pero Lucía no podía dejar de odiar a su padre, siempre le había echado a él las culpas de la muerte del resto de su familia, tras el accidente, Lucía se había centrado simplemente en seguir respirando, sin saber muy bien por qué, más de una vez había intentado suicidarse, pero su magia poseía una extraña sustancia que se lo impedía. Cuando una vez se cortó las venas su sangre cambió de su habitual color rojo a un negro oscuro que taponó la herida y le hizo una marca de estrella en la muñeca que después parecía un sencillo tatuaje. Había pasado ya un año desde aquel trágico accidente, y hoy era el primer día que Victoria la vio sonreír. Ésta empezó a ojear el libro que Lucy le había pasado y le impresionó de tal manera, ese libro era la solución perfecta para facilitar la vida a unas chicas desordenadas y vagas como ellas, pero Vic tenía curiosidad...

- Lucía, ¿se puede saber de dónde has sacado este libro?

-¿ Y a ti que te importa? Tu úsalo y punto. – le contestó más borde de lo habitual.

Al instante Victoria comprendió que ese resquicio de felicidad que había visto en su sonrisa y en su mirada había desaparecido, y la había sumido de nuevo en su profunda depresión.

lunes, 7 de febrero de 2011

que el fin del mundo me pille...
















































…SONRIENDO!

sábado, 5 de febrero de 2011

Antes de poner en duda una sola de mis palabras dime cuándo te he mentido, porque puedo equivocarme pero no te engañaría. Puedo girar bastante más deprisa de lo que luego tardo en equilibrarme. Puedo maltratarlo todo aunque lo quiera y ahí cuando no tengo nada y puedo con todo y ahí cuando no puedo con nada y, además, no lo quiero. Puedo escribir páginas y páginas de mentiras en primera persona que nada tengan que ver con mi ánima ni con el ánimo de mi karma, ni con nada de nada. Cada kilómetro a la espalda le resquebraja a cada uno de una manera distinta el espejo y yo sólo voy dejando aquí y allá pruebas inexactas de pensiero y hay veces que ni eso, te juro mi vida que hay veces que ni eso.

Golpear y resbalar indistintamente piel a pared, moratones vitalicios sin memoria. Cada herida es un misterio en la resaca, y qué quieres que te diga, tampoco procuro entenderlo. Sentimientos. Entre abrazos te dices ‘’ui qué va, o bueno, puede que sí” y al día siguiente a la distancia le soplas: “me salen chichones de pensarte, amor, cómo dueles, y eso que pienso que no te quiero, y eso que esta vez sí que miraba por donde iba pisando”.

Porque el “se mira pero no se toca” equivale al “se siente pero no se entiende” en cuanto a tentación. Y a los sentimientos se la traemos bastante floja, te lo digo por experiencia de cuando yo na más que he sido eso, sentimiento.
Desarraigarse, mandarlo todo, maldita sea, por una vez, al infierno. Ser uno mismo a riesgo de caer en picado y para siempre en el intento, porque la vida sin peligro es como el mundo sin John Lennon. Gris manicomio, casi humo.

Aquí me tienes haciendo un cameo en tu vida. Soy sólo el delirio en ayunas de nuestras intenciones reflejadas en miradas así modernitas dentro de gafas de sol, soy sólo eso. Soy sólo reacción, estoy aquí de rebote, de mayor quiero ser instinto. Aquí me tienes, con mi idilio de garrafón convertido en gas lacrimógeno. Estos son mis credenciales. Te tomo prestada la mitad de tu pasado para derrochar innecesariamente cariño porque es como yo, inútil pero bella.

Idílicamente tú, idílicamente yo. Dime si el delirio no es una inmortalidad más a la que aferrarse con todos los crucis que quieras si piensas pagar con intereses tus deudas, tus deudas tuyas, en el fondo mentimos como cosacos diciendo que en vez de evitar hundirnos, nos place la deriva y que va en serio eso de que estamos loca y alegremente confundidos.

Antes, mucho antes de jugar a querernos me acuerdo de situaciones lumínicas escandalosamente aburridas, antes de ponernos a hablar como si leyésemos todos los días los periódicos, he de leer en tus cicatrices que ha habido cuando no sabías en qué día vivías ni qué mundo era éste, de amenazas legales especializadas en alas… y tú como si nada.

Dime cómo de absurdo es preferir el amor a primera vista a torpes, torpes intentos de soledad chamuscada ahora que nos las damos de genios y de ágiles y de que vamos serenos con eso de que nunca seremos las cenizas de no vernos si bailamos, a las tres de la tarde como si fuesen de la mañana. La conclusión, la epifanía de que si no estoy, del verbo estar con mayúsculas, te quemas.

He aprendido a trompicones un montón de tonterías y a pescozones a besarte, llorando que no estoy de sobredosis. He jugado a destroquelar tus opiniones invirtiendo su cromancia y a electrocutarte el peinado y a limarte arañazos. He jugado a jugar contigo y me has ganado y ha habido veces en las que no estaba jugando pero jugaba a que no te dieses cuenta. He subido a lo más alto sólo porque luego la ostia iba a ser mayor. He dejado a gente estupenda por el camino y me empacha de indiferencia su recuerdo. Me he mojado cuando hizo falta mojarse y ya ni eso. He renegado del mundo hasta tal punto que me cuesta volver aunque sea para unirme a la lucha.

Ser o no buena gente, así, tan buenagentemente dicho puede, en fin, qué sé yo, pero puede que sea saber que te quieren y sentir que te lo mereces.


http://www.youtube.com/watch?v=9YxKcBycmVg

martes, 1 de febrero de 2011

a tu lado.


Y te vi llorar bajo la lluvia decía Quique González en sus oídos, y como una broma de mal gusto las nubes comenzaron a soltar todo su jugo, empezó a diluviar y él la vio perderse bajo la lluvia, lloraba lo sabía, la acababa de romper el corazón.

- Pero, ¿qué iba a hacer? – Empezó a pensar- He hecho lo correcto. Llevo una semana dándole vueltas a todo esto, sólo había una solución. Pero ¿seguro que he hecho lo correcto? – Empezó a dudar- Podíamos haberlo afrontado juntos, sé que ella me apoyaría. Dios, acabó de cometer el mayor error de mi vida – Empezó a arrepentirse – Pero, ¿Qué voy a hacer? ¿Salir corriendo tras ella? ¿Y luego qué? ¿Qué le voy a decir? ¿Qué la quiero? ¿Qué no puedo estar sin ella? Todo eso está muy visto, y luego le tendré que decir toda la verdad. ¿Qué demonios…? ¡Joder! ¡La quiero y no puedo vivir sin ella! No hay más que pensar.

Y así, salió corriendo tras ella, cuando la alcanzó, ella no quería escuchar. Pero poco a poco fue cediéndole de nuevo su confianza, algo le decía que tenía algo importante que escuchar.

Siete años después, él murió de cáncer después de una larga batalla que era imposible ganar, pero con la felicidad de dejar en este mundo a un niño tenaz, y a la mujer más perfecta que alguien haya conocido nunca. En aquel momento, en el dormitorio sonaba: que hoy he soñado con otra vida, en otro mundo, pero a tu lado.