ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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lunes, 30 de agosto de 2010

Ohana




Soñó que tenía una familia de verdad, una familia que la quería, que le dedicaba su tiempo y su atención, que confiaba en ella, que creía en ella. Y despertó, y se dio cuenta de que seguía viviendo con aquellos extraños, para los que ni siquiera existía...

sábado, 21 de agosto de 2010

Recuerdos de toda una vida...

Katherine sale del Starbucks con su café calentito en la mano, tiene prisa, llega tarde a la redacción, bajo su brazo está el periódico que ha comprado al salir de casa, el primer New York Times que lleva de portada un artículo firmado por ella. Le echa otra ojeada mientras camina a paso ligero, y sonríe, sonríe porque no puede evitar recordar cómo empezó todo aquello. Su memoria ahora mismo no está pisando la Gran Manzana, se acaba de trasladar a diez años atrás, a un pequeño pueblecito en el que están todos sus recuerdos. Su casa, aquella habitación en la que empezó a escribir sólo por evadirse del mundo, de su vida. Aquel día que llego al instituto y dijo: yo quiero ser periodista. Y lo dijo medio en broma, medio en serio, pero ella ya estaba firmemente decidida. Allí era donde estaban sus amigos, aquellos amigos que serán los más sinceros que habás tenido en la vida. Aquel pensamiento: "cuando sea mayor y vean artículos en el periódico con mi nombre lo leerán, sonreirán y pensarán: lo consiguió." Y se da cuenta de que ya es mayor, de que ya lo ha conseguido. Y vuelve a sonreír, pero ahora es una sonrisa nostálgica, lo echa de menos, echa de menos todos esos sueños por cumplir, esos tiempos de soñar y reír, y soñar y reír, y ser feliz, sólo con sueños, con esperanzas, con ilusiones, con ganas de vivir...todo eso está tan lejos ya. Katherine va tan ensimismada en sus pensamientos que ni siquiera se da cuenta del choque. De repente otras manos preocupadas la están levantando, su café está esparcido por la acera, el periódico volando en el frío viento de otoño. Y ese hombre enfrente, esa cara tan familiar...
-¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?
-¿Paul? ¿Eres tú?
-Vaya, me sorprende que Katherine Bridge, la periodista del momento, se acuerde de mí - Sonríe, esa sonrisa de niño tierno, su sonrisa, única e incomparable.
-Paul Scott, el estilista de moda, cuando quieras te hago un artículo. - contesta ella, feliz, tan feliz de repente.
-Jajaja, sí, estaría bien, tratarnos como dos auténticos desconocidos, que ironía.
-¿Te está pasando lo mismo que a mí?
-¿El qué? ¿Miles de imágenes, miles de recuerdos te están viniendo a la vez a la cabeza? ¿Y no sabes cual elegir? ¿Por qué cada uno te parece más feliz y alegre que el anterior? Sí, me está pasando lo mismo.
-Es raro, ¿no? Ahora mismo venía pensando en ti, bueno, en ti y en todos, en aquella época...
-Sí...tuvimos razón en pensar que esa iba a ser la mejor época de nuestra vida, aunque quizá nosotros nos separásemos demasiado pronto, quizá con demasiadas cosas todavía por descubrir.
-Bueno, quizá fue mejor así, nos separamos cuando todavía eramos inocentes, ingenuos ante la vida...
-Sí, bueno, yo creo que nunca dejé de serlo...
-Eso está bien, es lo que siempre me gusto de ti, tu ingenuidad tan divertida.
-Jajaja, lo que siempre me gusto de ti es que me hiciste reír como nadie, es que fuiste mi mejor amigo en el momento oportuno.
-Bueno, quien dice "momento" dice "ocho largos años aguantandote"...- Ella se ríe, ruidosamente, con la boca bien abierta, dejándole ver al mundo lo feliz que es, como siempre ha sido su sonrisa. Él sonríe, tímidamente, tapándose la boca con sus largos dedos, como siempre ha hecho, pero igualmente feliz.
-Vaya, hay cosas que nunca cambian - dice Katherine, y vuelve a reír, y ríe y no puede parar, como en aquellas horas de clase en las que se picaban, se molestaban, se torturaban, se escribían notitas, cartas enteras, se llamaban, se echaban la bronca, pero ante todo reían, siempre reían, él siempre supo hacerla reír, en cualquier situación, y aunque Katherine nunca estuvo muy seguro, Paul pensaba lo mismo sobre ella. Paul y Katherine, los inseparables, las eternas sonrisas, dos minutos con ellos y la gente olvidaba toda sus penas, eran únicos, y unidos eran un huracán de felicidad. Pero ahora se necesitan más que nunca, en estos tiempos de madurez, de hacer las cosas bien, de no querer equivocarse, es cuando más necesitas la sonrisa de alguien tan cómplice.
-Lo hemos conseguido, ¿no? - pregunta Paul, un poco inseguro.
-Lo hemos conseguido, sí. - contesta Katherine - Pero echo tantas cosas de menos.
-Venga, te invito a otro café y nos ponemos al día.
-Es justo lo que necesito.

Ninguno de los dos fue a trabajar aquel día, a ese café le siguió un paseo por Central Park, un largo camino en coche hasta sus raíces, un almuerzo en aquel bar al que tanto les gustaba ir, una tarde recorriendo el pasado, entre risas, comida, y conversaciones del tipo: ¿Te acuerdas cuando...? ¿Te acuerdas del día en el qué...? ¿Te acuerdas cuando fuimos a...? ¿Te acuerdas cuando vimos...? ¿Te acuerdas cuando le hicimos eso a ese? ¿Te acuerdas de aquella profesora a la que tanto odiábamos? ¿Te acuerdas del amigo aquel? ¿Cómo se llamaba? ¿Sigues hablando con él? ¿Te acuerdas?...Y ambos sonríen, y se ríen con ganas, porque ambos se acuerdan de todos y cada uno de aquellos momentos. Por qué, ¿cómo iban a olvidar la etapa más feliz de sus vidas? Por qué, ¿cómo iban a olvidar una amistad tan pura?
Y vuelven a la bulliciosa ciudad, el día se acaba...
Ai! Te juro que me duele la mandíbula y la tripa de tanto reír. Jajaja.
-Sí, te creo, a mí me pasa igual, hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien - y se siguen riendo, quizá sin ningún motivo, quizá por alguna tontería, quizá por el simple hecho de haber podido disfrutar un día más el uno del otro.
Katherine está a punto de bajar del coche de Paul, cuando se gira y le dice:
-Paul...Te echo de menos.
-Estoy aquí, siempre estaré aquí, y yo siempre te echaré de menos.
-Quizá esto sea lo bonito, ¿no? Haber podido disfrutar de un día así, juntos, como si el tiempo se detuviese por un día, sólo para que nosotros podamos disfrutarlo, como si nada hubiese cambiado.
-Sí, eso es bonito, sin duda. Te quiero, Katherine. Siempre serás tú, la que me ayudo a empezar el camino más largo y duro que se pueda imaginar, la vida. Y me alegro de que fueses tú, eras la indicada. - Katherine está a punto de llorar. Le abraza, fuerte, más fuerte, como cuando le pegaba y luego se sentía culpable. No, más fuerte, como cuando volvía de vacaciones después de meses sin verle. No, aún más fuerte, como nunca antes le había abrazado...
-Te quiero mucho, Paul, siempre serás una gran parte de mí, de mi vida, llámame cuando te apetezca caminar un poco, o cuando vuelvas a ver mi nombre en portada.
-Llamame cuando te conviertas en la novia de algún "Hollywood Star" y necesites un estilista.
-¡Entonces no te llamaré nunca! - Y los dos vuelven a reír, como locos, como nunca, como siempre...

© LauraPuente.2010

jueves, 19 de agosto de 2010

Rhythm of love...

En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco.
Tchaikovski


viernes, 13 de agosto de 2010

Metro de Madrid: Sueña.

-Me está mirando, ¿por qué me mira tanto? - piensa ella, y le mira, él aparta la mirada.
-Mierda, se ha dado cuenta de que la estaba mirando, pero porque no deja ella de mirarme. - piensa él, y la vuelve a mirar.
-¿Por qué le miro tanto?
Sus miradas se cruzan, ambos se sienten cohibidos, todo el mundo se siento cohibido ante la fija mirada de un desconocido, pero ninguno de los dos aparta los ojos del otro, y la primera sonrisa surge sola, señal de confianza, señal de haberse dado el visto bueno o señal de "oh dios mío, me estoy muriendo de vergüenza, voy a sonreír para quitarle un poco de hierro al asunto."
Ella, con su poster de Kurt Cobain y su cd de Mika recién comprados en un mano, y su mp4 en la otra, con la voz de Gavin DeGraw en sus oídos, con sus diecinueve años a punto de cumplir, y con un montón de proyectos a punto de comenzar.
Él, con su pinta de bohemio desaliñado, tarareando alguna canción que escucha a través de sus cascos, mochila al hombro junto con sus 25 años, y una vida llena de sueños, sueños fracasados y sueños inalcanzables, y un nuevo sueño por cumplir.
Y ahí acabará todo, él con miles de preguntas sobre ella rondandole la cabeza. Ella con la firme certeza de que no encontrará al hombre de su vida a los 18 años.

A ella se le acaba su trayecto, el metro empieza a salir del túnel, empieza a detenerse. Se levanta, y se sorprende al ver que también se acaba el trayecto para él. Casualidades del destino.

Él sale primero con paso ágil, ya no hay miradas, el coqueteo ha terminado. Cuando salgan del subsuelo volverá la prisa con la brisa de la ciudad.
Ella mira su reloj impaciente, está a punto de perder el autobús que la lleve de vuelta a su realidad. Acelera el paso. Lo tiene justo delante, sabe que perderá el bus, sabe que lo perderá a él, pero no quiere adelantarle. Él sabe que la tiene detrás.
Llegan a los torniquetes, pasan por la misma puerta, él muestra su primer gesto de caballerosidad, se la mantiene abierta, ella pasa y sus manos se rozan bruscamente durante un momento. Pero ambos siguen como si nada. Por fin salen a la superficie, ella gira a la derecha, él gira a la izquierda. Ambos saben que no se volverán a ver, que son dos almas diminutas perdidas en una inmensa ciudad, pero ambos siguen su camino.

Él se gira, la mira. Ella se gira, le mira. Sus miradas vuelven a cruzarse como hace unos minutos, pero ahora ya no hay vergüenza, sólo hay deseo. Él se dirige a ella, ella hacia él.

-Te invito a cenar -dice él.
-Primero bésame -contesta ella.




© LauraPuente ' 2010

lunes, 2 de agosto de 2010

Standby.

Me da vértigo el punto muerto y la marcha atrás. Vivir en los atascos, los frenos automáticos y el olor a gasoil. Me angustia el cruce de miradas, la doble dirección de las palabras y el obsceno guiñar de los semáforos. Me arruinan las prisas y las faltas de estilo, el paso obligatorio, las tardes de domingo y hasta la línea recta. Me enervan los que no tienen dudas y aquellos que se aferran a sus ideales sobre los de cualquiera. Me cansa tanto tráfico y tanto sin sentido...Parado frente al mar mientras el mundo gira...

me#






Tenía una risa que era increible, su risa te hacía reir, y era alegre, con ella volaba el tiempo, pero era también impaciente, exigente, egoísta e impulsiva...


domingo, 1 de agosto de 2010

I can fly

-Aún recuerdo el día que te conocí, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Y, sin embargo, ya pasaron dos años...y ya todo ha terminado ¿no? Recuerdo que te acercaste a mí, me empezaste a hablar, a animar, y luego me dijiste: "te preguntarás quien soy." La verdad esque no me lo preguntaba, sabía perfectamente quien eras, pero yo era una tonta que no tenía el valor suficiente para dar el paso que diste tú. Sin embargo, aún a día de hoy, me sigo preguntando quién eres. Siento que nunca llegue a conocerte del todo. De lo que estoy segura es de que tenías miedo, miedo de empezar a sentir algo tan arrollador, algo tan imposible, miedo a volver a sufrir, lo sé, había cosas que no se me escapan, aunque tú pensaras que nunca me daba cuenta de nada, que era una cría estúpida y feliz, que era como una niña a la que te gustaba cuidar. Pero tú tampoco llegaste a conocerme del todo. Miento, en realidad, creo que nos llegamos a conocer tantísimo que era irreal, era pura complicidad y nada más. Sin palabras tú podías leer mi mente. Tenías la palabra adecuada siempre en el momento adecuado, y en ese aspecto siempre me sentí inferior. Nunca sabía como tratarte, eras tan difícil, y al final, supongo que te cansarías, te fuiste, no hubo ni un "adiós", ni una mala palabra, ni una discusión, ni un "hasta luego". No hubo nada, un día desperte y ya no estabas a mi lado. Dolor, sentí mucho dolor, francamente un "hasta nunca" hubiese dolido infinitamente menos. Me abandonaste, cobarde, no tuviste valor para decirme a la cara que ya no me querías, no como un día nos quisimos, me dejaste sola. Te eche de menos, mucho, cada día, cada minuto, cada discusión que tenía, cada buen momento, cada viaje, cada noche, cada nuevo sentimiento que anidaba en mi interior, cada momento de la vida no era lo mismo si no podía compartirlo contigo. Y, ¿sabes lo que más me duele? Que siempre lo echaré de menos, que fuiste, eres y serás una persona que ha marcado mi vida sin darnos cuenta. No se porque has vuelto a aparecer, pero dilo, dilo de una vez, dime que me odias y así podré tener algo con lo que justificar el cabreo que me haces sentir al tenerte delante.
-Te quiero...
-No era eso lo que tenías que decir. - De repente él la besa suavemente.
-Y eso no era lo que tenías que hacer - Y ella le besa más fuerte.

© LauraPuente ' 2010