ddddddd“No sé lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo.”

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viernes, 13 de agosto de 2010

Metro de Madrid: Sueña.

-Me está mirando, ¿por qué me mira tanto? - piensa ella, y le mira, él aparta la mirada.
-Mierda, se ha dado cuenta de que la estaba mirando, pero porque no deja ella de mirarme. - piensa él, y la vuelve a mirar.
-¿Por qué le miro tanto?
Sus miradas se cruzan, ambos se sienten cohibidos, todo el mundo se siento cohibido ante la fija mirada de un desconocido, pero ninguno de los dos aparta los ojos del otro, y la primera sonrisa surge sola, señal de confianza, señal de haberse dado el visto bueno o señal de "oh dios mío, me estoy muriendo de vergüenza, voy a sonreír para quitarle un poco de hierro al asunto."
Ella, con su poster de Kurt Cobain y su cd de Mika recién comprados en un mano, y su mp4 en la otra, con la voz de Gavin DeGraw en sus oídos, con sus diecinueve años a punto de cumplir, y con un montón de proyectos a punto de comenzar.
Él, con su pinta de bohemio desaliñado, tarareando alguna canción que escucha a través de sus cascos, mochila al hombro junto con sus 25 años, y una vida llena de sueños, sueños fracasados y sueños inalcanzables, y un nuevo sueño por cumplir.
Y ahí acabará todo, él con miles de preguntas sobre ella rondandole la cabeza. Ella con la firme certeza de que no encontrará al hombre de su vida a los 18 años.

A ella se le acaba su trayecto, el metro empieza a salir del túnel, empieza a detenerse. Se levanta, y se sorprende al ver que también se acaba el trayecto para él. Casualidades del destino.

Él sale primero con paso ágil, ya no hay miradas, el coqueteo ha terminado. Cuando salgan del subsuelo volverá la prisa con la brisa de la ciudad.
Ella mira su reloj impaciente, está a punto de perder el autobús que la lleve de vuelta a su realidad. Acelera el paso. Lo tiene justo delante, sabe que perderá el bus, sabe que lo perderá a él, pero no quiere adelantarle. Él sabe que la tiene detrás.
Llegan a los torniquetes, pasan por la misma puerta, él muestra su primer gesto de caballerosidad, se la mantiene abierta, ella pasa y sus manos se rozan bruscamente durante un momento. Pero ambos siguen como si nada. Por fin salen a la superficie, ella gira a la derecha, él gira a la izquierda. Ambos saben que no se volverán a ver, que son dos almas diminutas perdidas en una inmensa ciudad, pero ambos siguen su camino.

Él se gira, la mira. Ella se gira, le mira. Sus miradas vuelven a cruzarse como hace unos minutos, pero ahora ya no hay vergüenza, sólo hay deseo. Él se dirige a ella, ella hacia él.

-Te invito a cenar -dice él.
-Primero bésame -contesta ella.




© LauraPuente ' 2010

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